Saudade por José Saramago. El día que Dios, el diablo y la ciencia hablaron sobre mi

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El pasado 18 de junio iniciaba unas cortas vacaciones estivales en Menoría, cuando a primera hora, desde el Ministerio del Interior, alguien telefoneaba para decirme: “ha muerto José Saramago”. Sabían de mi cariño y admiración por el Premio Nóbel portugués desde que me hiciera el inmenso honor de cancelar sus innumerables compromisos sociales para presentar «Patarroyo: pasión por la vida», mi primera obra en Madrid.

En este homenaje póstumo, apunto un puñado de recuerdos y detalles -hasta ahora desconocidos- inéditos sobre mis «pequeñas vivencias» en torno al escritor, agradeciendo el importante papel desempeñado por su mujer -y excelente cólega- Pílar del Río.

Hace bastante tiempo que alguien me insinuó sobre la importancia de iniciar mi sitio web -que ya supera las 100.000 páginas visitadas- haciéndome autopropaganda y dándome un poco de pábulo. Debía escribir sobre la que fue -sin duda alguna- una de las fechas más emotivas de mi vida. Un honor y un privilegio, imposible de olvidar.

La tarde del 25 de septiembre de 2005, nos dimos cita en el Círculo de Bellas Artes Pilar del Río (eterna compañera de esa “mirada triste y lúcida”, como tituló a Saramago en su obra Andrés Sorel), el periodista y escritor José-Julio Perlado (Premio Ateneo de Novela), la diplomática Noemí Sanín (en ese instante Embajadora de Colombia), Eduardo Riestra (editor, quien asumió lanzar una tirada doble -5.000 ejemplares- a las realizadas hasta entonces con el resto de sus libros), Manuel Elkin Patarroyo (Premio Príncipe de Asturias y protagonista de la obra) y Javier-Julio García (escritor y autor del libro).

La muerte: coincidencias e intermitencias de la vida

Mucho se ha hablado -y se seguirá haciendo- sobre el magnifico portugués, la intensidad de su vida y la triste noticia de su muerte. No se cumplió el interrogante en que basó su obra “las intermitencias de la muerte” (Alfaguara 2005): “¿Qué pasaría si la muerte desapareciese? ¿Sí durante un tiempo prolongado no muriera nadie?”.

Llegados a este escenario, recuerdo que mi muy querido profesor José-Julio Perlado (ex corresponsal de ABC y miembro del Opus Dei, militancia que Francisco Umbral mencionó en su obra “Cela: un cadáver exquisito”) no tuvo reparos en espetar a Saramago sobre la coincidencia temática entre la obra aludida y su novela “contramuerte” (Argos Vergara 1983) que le alzó durante ese ejercicio con el Premio Ateneo de Santander. Similitudes no sólo en la temática, sino también en los nombres de los autores: José.

Desconocía estos caprichos del azar, y mi cariño por ambos -Perlado mi mejor profesor de redacción periodística, durante mi formación como periodista en la Universidad Complutense (me suspendió en junio por deslizar inconscientemente en un texto una falta de ortografía, calificándome en septiembre con sobresaliente), a quien prometí muchos años antes que aunque tardara lo que fuera -y tardó más de una década- el libro saldría (por eso se la dediqué), hizo que los dos compartieran estrado durante esa jornada tan especial para mí, siendo padrinos y mentores de mi libro: “Patarroyo, pasión por la vida”. En ese instante, tan sólo percibía a dos intelectuales (uno de derechas y otro de izquierdas) que hablaban sobre la vida y trayectoria de uno de los mejores y más solidarios investigadores que nos ha regalado el siglo XX. La humanidad es sólo una y la ciencia no tiene -no debería tener- color.

A José-Julio Perlado, ¡mi profesor!, le debo todos los ánimos que siempre me infundió para seguir batallando en este inexorable mundo de las letras, sin haber aún tirado la toalla (motivos no han faltado, ni siguen faltando). Él fue mi mejor artífice en una vocación que pese a la adversidad cotidiana, los años y los desencantos, conservo orgulloso.

Unas semanas después me llamó Pilar del Río, para pedirme el título y sinopsis de “contramuerte”, la obra de José-Julio Perlado.

No tengo la menor duda de que fue este acto el detonante, que en un reportaje elaborado a finales de enero de 2009 por el semanario ultraderechista Época, sobre las similitudes entre “las intermitencias de la muerte” y otros tres libros de diferentes autores, Pilar del Río -su esposa y traductora- contara: “a José-Julio Perlado, sin embargo, el haber coincidido en el tema con Saramago, le pareció un honor”, «enviándonos un ejemplar de su libro».

Elogios de un Premio Nóbel para un novel escritor

Sobre mi libro -fechas antes- el 24 de noviembre de 2005, Juan Palomo escribía en El Cultural bajo el título “en memoria de los grandes”: “el próximo 29 se presentará la biografía Patarroyo, pasión por la vida en Ediciones del Viento. Será en el Círculo de Bellas Artes y lo presentará, tendrá su porqué, Saramago”. Por supuesto que lo tenía, tan sólo requería querer buscarlo.

Recuerdo que José Saramago elogió mi “valentía” periodística por la elección de la temática. Un apasionante y difícil ejercicio de periodismo de investigación -realizado con pocos medios, pero, sin prisas- sobre el Premio Príncipe de Asturias colombiano Manuel Elkin Patarroyo: uno de los personajes más brillantes y solidarios de nuestro siglo. Nadie duda ya sobre la conspiración internacional -yo menos que nadie, porque lentamente recabé las innumerables e incuestionables pruebas que la avalan- traiciones y juego sucio del que fue objeto -sigue siéndolo- por mantener íntegros y firmes sus principios.

Al final le pedí que me escribiera algo en mi propio libro, y el escritor portugués se sentó en un pupitre. Durante unos minutos, pluma en mano, reflexionó y me dedicó las siguientes palabras: “Tomo el lugar del autor para dedicar a Javier-Julio García Miravete el libro que él escribió. Lo hago como un homenaje y con la estima cordial de quien sabe que aprenderá mucho con la lectura”, con su correspondiente fecha y firma.

Tras este multitudinario acto -el primero de mi vida en que era protagonista y donde, confieso, me encontraba tremendamente abrumado y «aterrado» entre un Premio Nóbel y un Premio Príncipe de Asturias- que llenó la Sala Ramón Gómez de la Serna de la institución cultural madrileña, el portugués y yo conversamos sobre el pesimismo que emanaba su obra “todos los nombres”. Nos adentrábamos por el centro de Madrid, acompañados también por el artista vasco Agustín Ibarrola y su mujer, para concluir la velada con una cena. Alguien comentó que su lectura le había provocado lagrimas. Con sensacional dulzura, tono casi infantil y semiburlón Saramago respondió: “que malo es ese escritor, que hace sufrir con sus libros a sus lectores”. Fue una expresión de la genialidad de José “Saramágico”, como -desde ese instante- comencé a denominarle, en toda mi posterior correspondencia epistolar (e-mails) con Pilar del Río.

De este modo, decidí continuar vagando por el tortuoso camino de la lectura, la solidaridad, el conocimiento y el servicio a la humanidad; adentrándome más profundamente en los contenidos literarios de quien ese día y los restantes, fue mi mejor mentor. Mucho antes, una frase del creador de la primera vacuna química de la historia y Premio Príncipe de Asturias colombiano -contenida en mi obra- había calado muy profundamente en lo más profundo de mi corazón: “me gustaría morirme dejando el mundo un <<poquitico>> mejor que como lo encontré”.

Esta -nada fácil- labor, los periodistas sólo podemos materializarla mediante la palabra: poniendo nuestra “ciencia de la información” al servicio de los más débiles y desfavorecidos, en pro de los Derechos Humanos, la verdad y la justicia universal.

Voces del desierto: una website solidaria y un aporte para Haití que ya no podrá ser

Es el periodismo “anarquista” y «libertario», sin corta pisas que me propuse, cuando hace poco más de un año cree “voces del desierto”. Un periódico en miniatura, donde en lugar de cobrar por mis trabajos, costeo de mi bolsillo unos servicios que me permiten -cada cierto tiempo: cuando tengo algo importante que contar- asomarme a esa enorme ventana virtual para gritar: “¡aquí estoy, con mis circunstancias!”.

Deseaba estar a la altura ética de “periodismo humano” y tantas otras publicaciones virtuales que me fascinan, y creo que -poco a poco y muy humildemente- lo voy consiguiendo.

Y anclado en este compromiso personal con la humanidad, me lancé a recabar apoyos para organizar una Subasta Solidaria en favor de los damnificados por el seísmo en Haití, un país que antes de tan triste acontecimiento ya era el más pobre de América Latina. Como no podía ser menos, volví a recurrir a “Saramágico”. Pilar del Río me invitó a su blog para brindarme dos ejemplares de “una balsa de piedra camino de Haití”, el libro que el Nóbel portugués había editado “ad expreso” para apoyar esta causa solidaria y cuyo importe íntegro destinó a Cruz Roja Internacional.

La originalidad de estos ejemplares donados (uno para mí) radicaba en que, el escritor se lo dedicaría de su pluma y puño al comprador y en la página de protocolo le añadiría un “manuscrito especial”. Además, fuera de dónde fuera, recibiría la obra remitida por el propio Saramago desde Lanzarote. Otros «fervientes católicos» rehusaron mi propuesta.

Una demora -a mi juicio necesaria- y diversas dificultades técnicas para organizar este remate online, han sido los únicos responsables de que este precioso aporte “saramágico” ya no pueda ser. Pero, debo reseñar este aporte para testimoniar la solidaridad hasta la muerte del que -quizá haya sido- el último bastión del comunismo. Siempre con los más pobres, débiles y desfavorecidos.

José Saramago no creía en Dios, pero, acaso ¿no son éstos algunos de los parámetros que postula el evangelio de la Iglesia?.

Mientras el mundo de la literatura y la cultura se mostraba doliente por su perdida, el Vaticano a través de su órgano de propaganda L´OSSERVATORE ROMANO, arremetía implacable en sus necrológicas por su marxismo impertinente y ateismo crónico. Un odio teológico anquilosado que -desde que el gobierno portugués presidido por Aníbal Cavaco Silva vetara “el evangelio según Jesucristo” <<por su visión anticlerical>> para optar a un premio literario europeo, llevó a las jerarquías eclesiásticas a verter de forma peremne, ingentes cantidades de bilis contra el escritor.

Támpoco -más por falta de medios, que de ganas- pude llevar a cabo un proyecto audiovisual ambientado en lugares emblemáticos de Lanzarote. Especialmente, en espacios diseñados por el sensacional Cesar Manrique, donde el escritor debía leer y recitar -en su lengua madre- lo mejor de su obra, preservando -de este modo- para la posteridad, su voz y las imágenes que le iba a realizar el fotógrafo aragonés Miguel Lizana.

Pilar del Río, ese pilar “que tanto tardó en llegar”

Recuerdo una columna de David Torres en “El Mundo” (21 de julio de 2009) donde el periodista acusaba al Premio Nóbel portugués de falta de compromiso y solidaridad con las víctimas del terrorismo. Un escrito cuya lectura me dejó perplejo y que enseguida envié a Pilar del Río. Como siempre, su respuesta no se hizo esperar.

Con lo que sabía y con lo que me aportó, elaboré una réplica demoledora, que titulé: “José Saramago: compromiso social contra el terrorismo de un intelectual de izquierdas” y que publiqué en Voces del Desierto. Pronto recibí también un e-mail (respondiendo al mío) del autor de este intento de “saramaguicidio”, reconociendo timidamente su equívoco. Pero el daño ya estaba hecho. Como reza ese dicho popular: ¡calumnia, que algo queda»!.

Debo decir, que Pilar del Río, siempre ha confiado en mí y siempre he contado con sus mejores gestos de ayuda, aliento y apoyo. Gracias querida colega Pilar por tu cariño y tu dulzura. Compañeros como tú me hacen sentir orgulloso de ser periodista.

Todo mi respeto para aquella joven idealista que fascinada por su obra, un día acudió a entrevistarle en Lisboa. Lo hizo con tanto cariño que ámbos acabaron enamorándose y compartiendo el resto de sus días.

Una delicia -lo dicen cuantos la conocen y yo lo confirmo- de persona y un sensacional ser humano. Una profesional de la información que guarda dentro de sí un valioso tesoro que cualqueira anhelaríamos para nosotros mismos. Ella es la mejor historia de José Saramago, cuyas obras tradujo del portugués al español. Mi gratitud infinita por su sensibilidad, educación y amistad, que estoy seguro vamos a perpetuar. Saramago es ya una historia que hay que seguir escribiendo para legarsela a la humanidad.

Gracias mil porque -a diferencia de algunos “colegas” y otros que no lo son- siempre has respondido con presteza a mis comunicaciones y devuelto las llamadas.

Gracias Pilar, en el nombre de cuantos amamos la literatura por haber sido durante todo este tiempo el principal sostén y pilar de este gran hombre. Alguien que siempre iniciaba sus obras (“la caverna”, “todos los nombres”, etc… ) “a Pilar”, y que encabezó “las pequeñas memorias” con toda una delicioso declaración de amor “a Pilar, que todavía no había nacido, y tanto tardó en llegar”. José, te amaba profundamente. Tanto que, tras 20 años de convivencia, os casasteis -obviamente por lo cívil- en Granada (julio de 2007).

Como Miguel de Unamuno: ¡Hasta siempre amigo “Saramágico”!

Pocos sabrán que su verdadero nombre era José de Sousa, y que Saramago fue el apodo que quedó tras las tribulaciones de su padre -lo narra en “las pequeñas memorias”, ese libro que me emocionó y me dio alas para seguir escribiendo- en el Registro Cívil de Lisboa.

Aunque sé que no irás nunca «al cielo» porque a este ignoto lugar lo denominaba “comunismo”, tu infancia no fue fácil (“un niño de la calle, sin medios, que escuchaba leer porque no tenía dinero para comprarse libros”) y tu vida de mayor fue honorable. Digo. No podrás ir a ese cielo porque quizá sea sólo una ilusión óptica creada por la iglesia. Y ésta -pocas horas después de tu muerte- desenterró despiadada e impíamente su mordaz martillo inquisitorial contra tí.

Recuerdo que siendo un adolescente, leí “San Manuel Bueno Mártir” de Miguel de Unamuno. Una novela, fundamentada en la fe religiosa de un pueblo gracias a su párroco: el sacerdote Manuel Bueno, quien (no creía en la existencia de Dios) durante las liturgias -al llegar a la frase final de “El Credo”: “creo <<en la vida eterna>>”- juntaba los dientes para silabear algo ininteligible, evitando delatarse ante sus feligreses.

Sin embargo, pese a sus posiciones ideológicas y «anticlericalismo», la Iglesia nunca arremetió tan furibundamente -como en el caso de “el evangelio según Jesucristo”- contra tan insigne Rector de la Universidad de Salamanca.

Para gente como tú -y quizás como yo- tal vez exista ese Demiurgo del que tanto hablaba Platón en sus obras. Un estado intermedio entre el cielo y el infierno. Por eso querido José, de lo único que no tengo duda es que -desde el 18 de junio de 2010- has vuelto a ser materia orgánica inerte, regresada a su lugar de procedencia. Nada se destruye, ni se crea; tan sólo se transforma.

Adiós José. Me quedo con el mensaje que me transmitiste en tu última felicitación navideña: “La humanidad no es una abstracción retórica, es carne sufridora y espíritu ansioso, y es también una inagotable esperanza. La paz es posible si nos movilizamos por ella. En las conciencias y en las calles. En las calles y en las conciencias”. J. S (Felicitación 2010)

¡Hasta siempre amigo Saramágico!


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Javier Julio García Miravete

Escribo luego existo. Me apasiona la cultura y soy un empedernido luchador contra la injusticia y la corrupción. Admiro la sabiduría de los demás y a cuantos crean para la construcción de un mundo mejor. No me duelen prendas para reconocer en los demás méritos y virtudes, que me gustaría aprender de ellos. Soy un rebelde con causa siempre abierto a nuevos caminos y empresas. Periodista amante de la ciencia, el arte, la literatura, la fotografía, el cine, la música, el coleccionismo, los libros y papeles antiguos que me permiten reconstruir perfiles e historias de otros tiempos. Sueño con proyectos magníficos que me desbordan y que no logro activar por desintereses políticos. Desde aquí impongo mis normas sin someterme a protocolos. Escribo lo que quiero como quiero e intento ser libre.

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