Las asignaturas olvidadas del doctor Pedro Alonso con el científico Manuel Elkin Patarroyo (I)

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Mediaban los años 90, cuando el médico Pedro Alonso empezaba a ser conocido por sus resultados con la Spf66 del Dr. Patarroyo. Los medios se hacían eco de sus reportes y desbordaba optimismo. En 1994, Alonso integró su comitiva durante la recogida del Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica. Hacía una década que se había licenciado en Medicina por la Universidad Autónoma de Madrid. En cada visita a España, Alonso era cita obligada de Patarroyo, y en cada viaje a Colombia el Instituto de Inmunología lo era también del epidemiólogo español.

Tras el galardón, amparado por la reina Doña Sofía, Patarroyo obtuvo el apoyo de la AECID para desarrollar ensayos en Colombia con la primera vacuna sintética de la historia y crear el Centro de Salud de Manhiça (Mozambique) para ampliarlos a África. Como carecía de nacionalidad española, confió en su discípulo para que fuera él quien recibiera, administrara y gestionara sus fondos españoles en el Hospital Clinic de Barcelona. Pero Pedro Alonso albergaba otros objetivos y jugaba simultáneamente en varias bandas. Lo único que le importaba era el dinero: ¡viniera de dónde viniera!. Así fue tejiendo una red de intereses que acabarían por atraparle, apropiándose del dinero asignado a los proyectos de Patarroyo para favorecer otros de sus competidores y principales rivales.

Pese a su posterior alianza con Bill Gates y la desaparición en la red de muchos datos, documentos y fotos, una investigación iniciada hace más de tres décadas, ha recuperado del olvido numerosos papeles y evidencias que reconstruyen su relación durante esta década, desvelando el pasivismo y deslealtad del español sobre el colombiano , quien además malversó impunemente sus subvenciones públicas para financiar otros proyectos, catapultarse y desprestigiarle internacionalmente.

Aquellos difíciles años. Primeros ensayos con la primera vacuna sintética de la historia y el seductor Pedro Alonso

Se conocieron en mayo de 1990, durante un congreso celebrado en Méjico. Alonso persuadió a Patarroyo para ensayar la Spf66 en África. Pronto, el español intentó -sin éxito- que sus superiores británicos del MRC, con quienes había ensayado Malprim un peligroso fármaco en mujeres embarazadas y trabajado en la prevención de la malaria mediante mosquiteras impregnadas con insecticidas, lo permitieran en sus instalaciones de Gambia, donde antes había conocido al médico del Clinic de Barcelona Manuel Corachán.

Pero Alonso también tenía contactos en el Instituto Suizo de Medicina Tropical, quien contaba con instalaciones en Ifakara (Tanzania), donde años después realizaría con gran éxito los primeros ensayos africanos con la vacuna del científico colombiano.

La relación entre ambos fue tan intensa que ese mismo año Pedro Alonso y Clara Menéndez concibieron su hijo varón estando en Colombia, poniéndole por nombre Miguel Elkin, en homenaje al investigador. Hacía poco que habían regresado de Gambia con su hija Yara de dos años.

 Con la intercesión de Patarroyo, a comienzos de 1991, el farmacéutico Manuel-Carlos López planteó al Instituto de Parasitología y Biomedicina López Neyra en Granada (CSIC) la contratación de Pedro Alonso, como responsable epidemiológico de la Spf66. De este modo, obtuvo un puesto muy bien remunerado del que casi siempre estuvo ausente.

A comienzos de 1992, Alonso puso rumbo a Tanzania. Seis meses después visitó por primera vez el Instituto de Inmunología San Juan de Dios. Primero viajó a Tumaco como observador y desde ese instante asesoró a la institución colombiana en sus experimentos. Mientras su cónyuge Clara Menéndez Santos, a instancias de Manuel Corachán, obtuvo una plaza en el Hospital Clinic de Barcelona, integrándose en la Unidad de Medicina Tropical. Llegó a Barcelona en Junio, poco antes que se celebraran los Juegos Olímpicos.

Pedro Alonso estaba dispuesto a irse, pero manteniendo su holgado y gratificante puesto en el Instituto de Parasitología y Biomedicina López Neyra (CSIC) en Granada, para continuar trabajando con la SPf66 de Patarroyo. Motivo por el que en ese instante rehusó seguir a su mujer en su nuevo trabajo.

Encabezó el artículo aparecido el 20 de marzo de 1993 en The Lancet sobre el comportamiento de la Spf66 en La Tola (Suroeste del Pacífico colombiano), que fue diseñado, planificado, ejecutado y redactado íntegramente por él, reportando un 77% de eficacia en menores de cuatro años, un 67% en mujeres de 45 años, y una protección global del 38,8%.

Menos de un año después, aupado por la repercusión internacional de sus trabajo con Patarroyo y apoyado por su entonces Director General Joan Rodés Teixidor, Pedro Alonso llegó a esa institución -con una vacuna contra la malaria susceptible de ser ensayada- para crear su Unidad de Epidemiología y Bioestadística.

Siendo ésta una etapa difícil para desarrollar la SPf66 , jalonada con toda clase de dificultades desde Inglaterra y Estados Unidos, Alonso ((una de cuyas cuñadas había sido institutriz de las infantas) contactó a Patarroyo con la reina Sofía.

Simultáneamente Patarroyo alentaba Pedro Alonso -pese a sus excusas y argumentos de que no tenía tiempo- para que realizara y se graduara universitariamente con una Tesis Doctoral. El epidemiólogo se sentía pletórico en sus viajes a Colombia, donde actuaba como mano derecha del “jefe” (apelativo con que es conocido Patarroyo entre sus amigos y colaboradores) y siempre salía a su lado en las fotos y en los medios. Seducía por su juventud y entusiasmo. Amparado en el prestigio del colombiano se movía en las instituciones con holgura “representando los intereses de la vacuna SPf66”.

Mientras, Europa y Estados Unidos intentaban impedir cualquier permiso para ensayar la Spf66 en África. Estaba en peligro la molécula RTS, nacida en 1984 en el laboratorio de la doctora Ruth Nussenzweig, adoptada por el ejército norteamericano y los laboratorios Glaxo, que acumulaba ya diversos ensayos fallidos.

Hábiles y complicadas gestiones del investigador y jesuita Carlos Alonso Bedate, ante el Ministerio de Sanidad español posibilitaron el placet, para ensayar el producto colombiano en cualquier institución africana de la Unión Europea.

A finales de 1993 Pedro Alonso y su mujer Clara Menéndez se desplazaron a un centro en Ifakara (Tanzania) ligado al Instituto Tropical Suizo de Basilea que dirigía su amigo Marcel Tanner y cuya sucursal africana regentaba Thomas Teuscher, para iniciar preparativos del primer ensayo africano con SPf66 en niños de entre uno y cinco años. Fue en el poblado de Idete bajo los auspicios del Dr. Wenceslao Kilama.

Primer ensayo africano, Patarroyo Premio Príncipe de Asturias y contraataque de USA e Inglaterra con otra “SPf66” distinta e ineficaz

En la caracterización previa de la Spf66 como molécula química usada en la vacuna de la malaria, realizada en Granada y publicada en mayo de 1994 en Vaccine participó Pedro Alonso junto con Manuel Carlos López, Yolanda Silva, Carmen Thomas, María José Faus, Francisco Martínez, Gustavo del Real (Laboratorios Llorente) y Carlos Alonso Bedate. El grupo determinó que esta vacuna estaba constituida por una molécula de cinco enlaces. Las partidas enviadas desde Colombia (frascos de 100 y 200 gramos) se ajustaron escrupulosamente a esos estándares y todos los lotes (verificados por Resonancia Nuclear Magnética) fueron idénticos.

Mientras el proyecto para vacunar con SPf66 en Ifakara (Tanzania) iba tomando forma, y a la Unidad de Epidemiología y Bioestadística del Clinic regida por Pedro Alonso se sumaba el grupo de Medicina Tropical liderado por su mujer Clara Menéndez.

El trabajo africano reportó un 31% de eficacia durante 12 meses, siendo publicado en The Lancet el 20 de octubre de 1994. En este ensayo participó el Coronel Ripley Ballou del Walter Reed Army Institute Research quien llevaba muchos años trabajando con la vacuna recombinante RTS. Curiosamente, durante uno de sus múltiples ensayos fallidos, el militar norteamericano se la inyectó y después se dejó picar por el anofeles hembra, estando a punto de perder la vida en el intento.

Artículos posteriores de Pedro Alonso en Journal of Infectious Diseases (1996 y 1997), descartaban cualquier contraindicación, rebajaban la protección al 25% durante 18 meses y documentaban en un 36% la reducción de episodios palúdicos.

El nombre de Patarroyo estaba en boca de todos. En 1994 obtuvo -entre otros- los premios Príncipe de Asturias (Mayo 1994. España) y Robert Koch (Junio 1994. Alemania). Pedro Alonso, formó parte de su comitiva durante el primer galardón.

A principio de 1995, el Ministerio de Sanidad renovó su Consejo Asesor. Lo presidía el Gerente del Clinic Joan Rodés Teixidor integrándolo también Pedro Alonso. En estas fechas, Marcel Tanner, Thomas Teuscher y Pedro Alonso publicaban en Parasitology Today una revisión sobre el primer ensayo africano con la vacuna sintética de Patarroyo. “En agosto de 1994, la primera prueba de SPf66 en África (…) se completó en un área de transmisión muy intensa y perenne en Tanzania. Su eficacia estimada contra la malaria clínica fue del 31%, lo que confirma su potencial como la primera vacuna contra P. falciparum”. “Este estudio en Tanzania también mostró que no hubo efectos secundarios graves y que la incidencia de leves tras las tres dosis de Spf66 fue inferior al 6%. (…) también fue altamente inmunogénica. (…) cumple con los criterios para las vacunas contra la malaria factibles en áreas endémicas, particularmente en el África subsahariana”. Concluían manifestando que “se necesitan investigaciones adicionales, ensayos y desarrollo de Spf66 (…), indicando que “otros ensayos ya están en progreso en América Latina, Tailandia y Gambia”, y achacando que su “disponibilidad (…) dependerá no solo de su creador, (…), sino también de los aspectos prácticos de la producción a gran escala y del consiguiente y necesario proceso de registro”.

En Asía (Tailandia) y África (Gambia) se referían a las pruebas que norteamericanos e ingleses desarrollaban con una formulación de la SPf66 realizada en Estados Unidos, tan ineficaz como divergente con la colombiana (21 diferencias). En esos instantes se aprestaban a concluir ese ensayo africano en 150 niños.

Antes del experimento, británicos y norteamericanos realizaron un estudio comparativo entre las dos vacunas, publicado en Junio de 1995, por la revista Parasite Inmunology, concluyendo que: “Spf66 producida en Colombia fue más inmunogénica que Spf66 producida en USA”. Lo firmaron W. Ripley Ballou Walter Reed Army Institute) Geofrey A T Targett (Instituto Suizo de Medicina Tropical) y Brian M. Greenwood, (MRC). De este modo, hacían patente la existencia de dos vacunas con el mismo nombre, pero con resultados muy diferentes; y unos resultados desastrosos (que poco tardarían en achacar a Patarroyo).

Los investigadores contaban amén de su propia formulación de la “SPf66”, con muestras de la auténtica SPf66 que Patarroyo les había enviado. Como posteriormente comprobó el en su laboratorio de Bogotá, existían 21 diferencias entre ambas. Durante el estudio se confundieron y mezclaron vacunas Spf66 made in USA con placebos, sin que los propios investigadores supieran en bastantes ocasiones que habían administrado exactamente a esos niños. Estas últimas razones para desconfiar del estudio, se conocieron casi un año después.

Patarroyo había eludido todas sus estratagemas para apropiarse de la vacuna y rechazado cuantas ofertas le habían realizado por su patente. Sobre la Spf66, Bill Ruthers, presidente de Chiron Corporation, durante una amistosa cena donde -amén de ponerle un cheque en blanco para que lo rellenara, intentar seducirle con una bellísima secretaria y dejar 500 dólares de propina- le dijo textualmente: “será nuestra o no será de nadie”.

A medida que la SPf66 reportaba mejores resultados, Pedro Alonso recibía mayores distinciones. Actuaba en nombre de Patarroyo. En febrero de1995, el Consejo de Ministros, le premió con la Gran Cruz de la Orden Civil de Sanidad, que conlleva el tratamiento de Excelencia.

Seiscientos millones de la AECID -gestionados por Pedro Alonso- para estudiar la vacuna en Tanzania, Mozambique y otros cinco países; y donación a la OMS para beneficio de la humanidad

En marzo de 1995, los gobiernos de Colombia y España firmaron en Bogotá un convenio para aplicar la vacuna sintética, actuando en representación del país andino el ministro de Salud Alonso Gómez Duque, mientras el plácet español lo puso el Secretario de Estado para la Cooperación Internacional José Luis Dicenta. Colombia aportaría las vacunas y España llevaría la mano de obra, procedente de la Unidad de Epidemiología del Hospital Clinic de Barcelona. Durante cinco años prorrogables, ambos centros desarrollarían un estudio a gran escala en Tanzania y Mozambique, que después seria ampliado a Bolivia. En base a este acuerdo -que Pedro Alonso nunca cumplió- Patarroyo firmó un convenio el Presidente de este país Gonzalo Sánchez de Lozada.

Seiscientos millones para ensayar la Spf66 en siete países, gestionados íntegramente por Pedro Alonso, bastantes de los cuales nunca llegaron a sus destinos y se “perdieron” entre la contabilidad del Clinic.

Tras estos galardones y con la ayuda de la reina Sofía, Patarroyo pronto figuró como prioritario en la Agenda de la Cooperación española, y comenzó a recibir fondos públicos para la creación del Centro de Salud de Manhiça (Mozambique) destinado desde el primer instante al “desarrollo de la SPf66 y futuras generaciones”. Como el científico aún no tenía la nacionalidad española, con objeto de evitar trámites burocráticos, consintió que sus fondos los gestionara, administrara y manejara íntegramente su discípulo Pedro Alonso en el Clinic de Barcelona. De este modo, el epidemiólogo se encontró con una sustancial cantidad de dinero publico, que manejó –al margen de Patarroyo y Colombia, que no vieron nunca ni un céntimo de estas partidas- a su libre albedrío.

¿Que pasó con la parte de este presupuesto AECID destinado a Colombia, Tailandia, Camboya y Filipinas, cuatro países donde nunca llegó un céntimo?. ¿Quizá fueron destinadas al “proyecto faraónico” de Pedro Alonso en Manhiça, donde amén del matrimonio trabaja también actualmente su hija Yara?.

Este mismo año, se incorporó al equipo del Clinic de Barcelona el estadístico John Jairo Aponte, procedente del Instituto de Inmunología de Colombia, donde había trabajando varios años con Patarroyo. Mientras, legitimado por este compromiso institucional, en marzo de 1995 Pedro Alonso viajó a Mozambique para reunirse con responsables sanitarios de su gobierno. Uno de los lugares que visitó fue Manhiça. A finales de 1995, se puso en marcha con su equipo del Clinic, y se comenzó la construcción de un nuevo hospital con fondos de la Cooperación Española y la Unión Europea. Así se lo contó -en 2013- al reportero Luis Toledano, quien lo plasmó en su libro “A la sombra del cajueiro”, patrocinado por la AECID. En realidad, Alonso marchó a Mozambique con algunos colaboradores suyos del Clinic, y con los fondos de la AECID y la Unión Europea asignados al “desarrollo de las SPf66 de Patarroyo y futuras generaciones” comenzó a estructurar el actual centro de salud.

En el aire estaba el destino de la patente de la SPf66 y la sombra de su discípulo se cernía constantemente sobre Patarroyo. ¡Dinero, dinero y dinero!. Pedro Alonso insistía permanentemente al colombiano para que reconsiderara el destino de su vacuna y la vendiera a un laboratorio próximo a él, insinuándole en alguna ocasión que ambos podrían forrarse.

El 4 de mayo de 1995, Patarroyo donó su vacuna a la OMS para beneficio de la humanidad. El acuerdo lo firmaron su entonces director, Hiroshi Nakajima, y el propio científico, en presencia del vicepresidente de Colombia, Humberto de La Calle, otorgando a la OMS el derecho a desarrollar, fabricar, distribuir y vender la Spf66. El pacto preveía que la fabricación se realizaría en Colombia a partir de 1998 para lo que su gobierno crearía “una ONG de economía mixta” encargada de producir la materia prima.

Quedaban algunos flecos pendientes en las negociaciones sobre su fabricación y venta a precio de costo que deberían resolverse en seis meses. Algo que puso en jaque a sus principales rivales y detractores dentro de su propia estructura . De este modo, la OMS salió al paso y precisó en un comunicado que el protocolo de entendimiento sólo se refería a los derechos legales de la SPf66. No obstante, antes que concluyera 1995, la OMS quiso tener un gesto institucional y galardonó a Patarroyo con el Premio de la Fundación León Barnard.

Mediado junio del 95 Patarroyo volvía a España. El Secretario de Estado para la Cooperación Internacional. Fernando Villalonga, le confirmó la continuidad de la política iniciada en la etapa anterior comprometiéndose a seguir sufragando ensayos en Colombia, Tanzania y Mozambique para el desarrollo de la spf66. Las vacunas serían sintetizadas en el centro colombiano y los siguientes pasos vendrían de España, donde se canalizarían y se llevarían a cabo los estudios necesarios en los dos países africanos. Para estos objetivos la AECI comprometió con él seiscientos millones que serían desembolsados durante tres años, gestionados en su totalidad por Pedro Alonso en Hospital Clinic de Barcelona. Nada se decía en este aporte sobre el centro tanzano en Ifakara, del Instituto Suizo de Medicina Tropical y el británico MRC, donde se estaba desarrollando.

En estas fechas, la AECI (Ana María Ruiz Tagle), el Instituto de Inmunología (Manuel Elkin Patarroyo) y la Fundación Clinic/Hospital Provincial de Barcelona (Pedro Alonso) firmaban un “Memorandúm de entendimiento”. La primera financiaba “el desarrollo y evaluación de la Spf66” de Patarroyo para “completar el avance científico que esta vacuna ha supuesto en los últimos años”, el segundo aportaba las vacunas de su creación y el tercero gestionaba esos fondos públicos. Entre los considerandos estaban los trabajos que el Clinic venía realizando en el Centro de Salud de Ifakara (Tanzania), en colaboración con los científicos colombianos.

Pero, el Clinic comenzaba a jugar a dos bandas, ingresando otros 22 millones del Nacional Institute Of Health (USA), de la UE y de la Universidad de Leiden (Holanda), donde radica la Compañía de Biotecnología Crucell (dueña del vector adenovirus 35; usado como potenciador en la RTS,). Mientras la AECI envió más de 143 millones (primer aporte de los 600 comprometidos), la UE (presidida por Francia) reportó al centro catalán otros 73 millones. En total 815 millones. Fue el primer ejercicio en que Barcelona recibió todas las cantidades procedentes de la Agencia Española de Cooperación Internacional y la Secretaria de Estado para la Cooperación Internacional y para Iberoamérica acordadas entre España y Colombia “para el desarrollo de la vacuna Spf66 y futuras generaciones” en Tanzania, Mozambique y otros cinco países.

La aparición permanente en los medios de Pedro Alonso junto a Patarroyo y el buen funcionamiento económico de la Unidad de Epidemiología del Clinic de Barcelona, dio pie a la creación de nuevas herramientas para captar más fondos para nuevos proyectos. De este modo, el 26 de julio de 1995, se constituyó en Ifakara (Tanzania), la Fundación África Viva, siendo su primera directora la pediatra Victoria Fumado, (compañera de la infanta Cristina en la práctica deportiva de la vela, cuya Tesis Doctoral dirigió en la Universidad de Barcelona Pedro Alonso y a cuyo patronato pertenece también el matrimonio Alonso Menéndez).


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Javier Julio García Miravete

Escribo luego existo. Me apasiona la cultura y soy un empedernido luchador contra la injusticia y la corrupción. Admiro la sabiduría de los demás y a cuantos crean para la construcción de un mundo mejor. No me duelen prendas para reconocer en los demás méritos y virtudes, que me gustaría aprender de ellos. Soy un rebelde con causa siempre abierto a nuevos caminos y empresas. Periodista amante de la ciencia, el arte, la literatura, la fotografía, el cine, la música, el coleccionismo, los libros y papeles antiguos que me permiten reconstruir perfiles e historias de otros tiempos. Sueño con proyectos magníficos que me desbordan y que no logro activar por desintereses políticos. Desde aquí impongo mis normas sin someterme a protocolos. Escribo lo que quiero como quiero e intento ser libre.

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