Hablando de parásitos. Cuando Pedro Alonso se convirtió en “Plasmodiun Clinic”, su “alucinante” Tesis Doctoral e inauguración por Doña Sofía y Patarroyo del Centro de Salud de Manhiça (II)

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Hay quienes cuando se les habla de conspiraciones censuran una visión de fantasmas y una supuesta caza de brujas inexistente. Pero qué paso con aquellos amigos inseparables. Son muchas las comprometidas preguntas que pese al esfuerzo del epidemiólogo del Clinic y sus aliados internacionales como Bill Gates (Microsoft) por ocultar y silenciar, siguen aún pendientes de respuesta.

Potentes laboratorios norteamericanos empezaban a estar muy preocupados por el éxito de la Spf66, las negativas de Patarroyo a vender su patente y su empeño en donarla gratuitamente para beneficio de la humanidad. Los profesores londinenses de Pedro Alonso se negaban a doctorarle, forzándole a buscar amparo en el Doctor Carlos Ascaso Terren, compañero suyo del Clinic, con quien a posterori firmó siete trabajos sobre malaria en Tanzania y Mozambique.

En EEUU, entre tres posibles candidatas para echar abajo la primera vacuna sintética de la historia, dos fueron descartadas por desfalcos de sus promotores (quienes acabaron en prisión), quedando sólo una molécula recombinante (RTS) del ejército y los laboratorios Glaxo, que había cosechado un abanico de fracasos. Eso y mucho dinero, era lo único que tenían para intentar borrar del mapa el producto colombiano.

Algunas “molestas” preguntas pendientes de responder, memorias de la AECID para desmemoriados, intentos de Pedro Alonso para vender la patente y nacionalidad española para Patarroyo

¿Tan ocupado estaba Pedro Alonso que no pudo evitar que su hijo Miguel Elkin cayera en el infierno de las drogas que le forzaron a ingresar en un Centro de Rehabilitación de Toxicómanos?. ¿Porque gastó en otros proyectos el dinero para ensayar la Spf66 de Patarroyo que la Cooperación Española le confió gestionar y administrar para vacunar en Tanzania, Mozambique y otros cinco países?. ¿Cuánto dinero se perdió en el camino y con la complicidad de qué corruptos contó en la AECID?. ¿Porque Alonso y otros discípulos de Patarroyo -como John Jairo Aponte- lo tachan en sus curriculums?.

¿Porqué Pedro Alonso se empeñó en vacunar bebés sin permiso del propietario de la patente cuando sabía que ningún producto antipalúdico funcionaba?. ¿Porqué viajó en secreto a Durban (Sudáfrica) y burló todos los protocolos científicos internacionales para mostrar resultados negativos a americanos e ingleses antes de publicarlos?. ¿Porque el ISGLOBAL oculta las memorias de la AECID, donde dice que el Centro de Salud de Manhiça se creó para ensayar la Spf66 de Patarroyo?. ¿Porque Pedro Alonso no habla de su trabajo en Gambia con el fármaco Maloprin (registrado y retirado en Australia por graves efectos secundarios en embarazadas)?. ¿Porque Pedro Alonso se enfadó tanto en la inauguración del centro mozambiqueño cuando apareció la reina Sofía acompañada por Patarroyo, a quién no había invitado?.

¿Cómo superó Pedro Alonso su Tesis Doctoral y qué sucedió para que no mencione en ninguna ocasión (en sus escasas y únicas 35 páginas de texto original) a Patarroyo, cuando su parte más gruesa son las vacunaciones con Spf66?. ¿Además de la excelente relación científica de Pedro Alonso con Marcel Tanner del Instituto Suizo de Medicina Tropical, existe alguna otra financiera?. ¿Qué motivó a Europol para iniciar hace algunos años determinadas investigaciones, sobre una presunta cantidad importante de fondos propiedad del español en ese país?.

El sistema europeo permite al investigador principal quedarse con el 20% de los presupuestos que obtiene para incrementar su sueldo ¿Durante todos estos años, cuántos de estos porcentajes ha sumado Pedro Alonso a sus retribuciones y declarado a Hacienda en sus IRPF?.

El 16 de junio de 1996, una vez más, Patarroyo voló a Madrid para firmar con la AECI y el Hospital Clinic de Barcelona un programa sobre «Desarrollo y evaluación de la Spf66 para su aplicación en programas nacionales de la malaria». España comprometía «un importe de 310 millones de pesetas en cuatro años», que, como en ocasiones anteriores, manejaría Pedro Alonso en el centro catalán. La AECI envió a Barcelona 425 millones en 1996 a través de la SECIPI (Secretaría de Estado para la Cooperación Internacional y para Iberoamérica) que según memorias 1996, 1997 y 1998 (292 millones reembolsados durante tres años), estaban destinados a construir infraestructuras y organizar (…) el Centro de Salud de Manhiça .

“Creación de un Centro de investigación sobre enfermedades tropicales en Manhiça. Desarrollo, aplicación y evaluación de la vacuna de la malaria en Mozambique. El (…) primer trabajo que está desarrollando es la evaluación de las nuevas generaciones de la vacuna Spf66 desarrollada por el Dr. Patarroyo. El proyecto lo lleva a cabo la Fundación Clinic del Hospital Clínico de Barcelona en colaboración con el Hospital de Santa Fe de Bogotá y el Instituto Nacional de la Salud de Mozambique con financiación de SECIPI de 292.000.000 pesetas” (Memoria AECI 1996, Pág. 155). El National Institute of Health envió en este ejercicio 22 millones. Durante este ejercicio el Clinic continúo percibiendo ingresos superiores a los 851 millones de pesetas procedentes de instituciones que patrocinaban la RTS, rival de la Spf66 colombiana.

Durante una visita de Patarroyo a Pedro Alonso, se encontró con que el español estaba barajando una sustancial propuesta económica del CDC (Centers for Disease Control and Prevention) de Atlanta. Pronto descubrió el potente apego hacia el dinero de su colaborador, quien a punto de finalizar 2005 fue preguntado por el descapotable rojo que apareció conduciendo en un reportaje televisivo., “Es de segunda mano y me lo vendió un cuñado (…)”. Durante esa justificación aseguró que “desde hace dos años soy jefe de sección y hasta entonces tenía sueldo de investigador. Hace un año, que además, cobro también como profesor visitante de la Universidad de Barcelona. No soy ni profesor asociado, es lamentable. No hay otra fuente de ingresos y me siento orgulloso (…), porque me permite actuar con independencia respecto a Glaxo”. Algo totalmente falso, dado que en esas fechas dirigía la Tesis del doctorando mozambiqueño Samuel José Alves Mabunda.

En 1996 con vacuna sintética sobrante del ensayo anterior en adultos y sin ninguna autorización de Patarroyo, el equipo de Pedro Alonso regreso al poblado tanzano de Idete, desarrollando otro ensayo con neonatos de hasta siete meses, Patarroyo sabía que ninguna lo había conseguido, por el inexistente desarrollo del sistema inmunitario en población tan diminuta y preveía sus verdaderas intenciones.

Las intenciones de Pedro Alonso, desde estos comienzos del Centro de Salud de Manhiça, eran excluir a la parte colombiana (la más importante y que mayor sombra le hacía) y constituir una fundación con personalidad jurídica propia (donde estuvieran él y el Clinic) y que esa entidad fuera gestionada por mozambiqueños, con la participación de los principales rivales de Patarroyo (Inglaterra y USA) que ya nutrían abundantemente sus cuentas en el Clinic.

Viajé en secreto de Pedro Alonso a Durban y adelanto a ingleses y norteamericanos de los resultados en bebés, y los interesados experimentos en Gambia y Tailandia con una falsa formulación de la SPf66

Vulnerando todos los estándares científicos, divulgó los resultados durante un congreso de inmunología organizado por ingleses en Durban (Sudáfrica), sin haber publicado aún una línea y sin dar opción a Patarroyo para supervisarlos. Pedro Alonso viajó en secreto a este país africano; enterándose primero sus directores de tesis en The London School (Marcel Turner, Gef Target y Brian Greenwood) siete días antes que tuvieran conocimiento en Colombia. No hubo ningún arbitraje y los códigos pudieron ser fácilmente alterados y manipulados. Pese a demostrar seguridad, sólo reportó protección en el 2% de los inmunizados; concluyendo con la “no validez” de la vacuna sintética y “abandono” de esta vía -meses antes de leer su tesis ante el MRC- originó su ruptura con Patarroyo.

Los ingleses se negaban a aprobar la tesis y doctorar a Pedro Alonso, si no reportaba resultados negativos con la vacuna colombiana. Y hasta ese instante, carecía de ellos. Sir Brian Greenwood (muy pendiente de su título nobiliario) y sus compañeros en el MRC llevaban mucho tiempo persiguiendo los 50 millones dólares con que financiaba estudios antipalúdicos la Fundación Bill y Melinda Gates.

Anglosajones y norteamericanos tenían en marcha otro ensayo similar al de Gambia (con Spf66 made in USA) en Tailandia, que -por razones obvias- prometía resultados idénticos al anterior. Se realizaba entre 1200 niños de Shoklo, un campo de refugiados situado al noroeste del país. Entre sus investigadores también estaba W. Ripley Ballou Walter Reed Army Institute), quien llevaba varios años trabajando con la RTS del Ejercito de USA y los laboratorios Glaxo. En Tailandia no lograron completar las tres dosis por la huida o muerte de muchos participantes, motivada por la guerra que se libraba en el país asiático. Los resultados fueron publicados el 14 de septiembre de 1996 en la revista The Lancet, sin especificar que se trataba de la formulación colombiana elaborada y fabricada en USA. Los autores -quienes amparaban la RTS norteamericana y llevaban 15 ensayos fallidos con ella- fueron especialmente cínicos , duros y tajantes, asegurando que “parece existir una escasa justificación para realizar más ensayos”, recomendando su abandono definitivo y arremetiendo duramente contra Patarroyo, cuando en realidad su “cocinilla” albergaba 21 diferencias sobre la SPf66 original colombiana.

Intentando ganar tiempo, en septiembre 1996 se publicaron los resultados negativos sobre 1200 niños en Tailandia de la vacuna Spf66 formulada y fabricada en EEUU. Sin mencionar sus autores británicos y norteamericanos (quienes trabajaban con una RTS que encadenaba fracasos) esta circunstancia, ni tampoco un ensayo realizado por expertos de la Escuela de Medicina Tropical de Londres y publicado durante 1995 en Parasite Immunology, que apreciaba una inmunogenicidad (capacidad de provocar respuesta del sistema inmune) mucho mayor en la vacuna hecha en Colombia que en la cocinada en Estados Unidos.- se apresuraron a publicar en The Lancet que no funcionaba y -de forma insólita e inhabitual- recomendar el abandono de esta vía de investigación, concluyendo que “parece existir una escasa justificación para realizar más ensayos”. En esta ocasión Pedro Alonso (quien ya jugaba a dos bandas) se mostró tibio y declaró: “a ellos no les ha funcionado, es lo único que pueden decir. No es la primera vez que pasa (…) y no por eso se han abandonado otras”.

El 22 de noviembre de 1996, el  Premio Príncipe de Asturias colombiano Manuel Elkin Patarroyo obtuvo la nacionalidad española. Mientras tanto, Pedro Alonso se encontraba centrado en una vacunación con Spf66 en Mozambique al tiempo que gestionaba la infraestructura para la creación del Centro de Salud de Manhiça, con el dinero de la AECI destinado a vacunaciones con SPf66. Quizá invirtió en este proyecto inmobiliario, el remanente de los fondos que debían haber ido a ensayar la vacuna colombiana en otros cinco países, (donde jamás llegó). En alguno de estos paises, dígase Bolivia, el propio Patarroyo firmó convenio con sus Jefes de Gobierno.

La web institucional del centro bastante distanciada de la verdad reza que “se fundó en 1996 con el apoyo del Hospital Clínic de Barcelona y bajo el liderazgo del Dr. Pedro Alonso”. Su Curriculum Vitae europeo (europass) va aún a más, arrogándose la creación y desarrollo del Centro de Investigación en Salud de Manhiça, con financiación de la AECI. Nada dice del Instituto de Inmunología de Colombia ni la vacuna Spf66 que lo motivaron. Si menciona un proyecto ajeno a la AECI: “carga de la enfermedad de la neumonía grave y el neumococo en niños menores de 2 años en Manhiça”, identificando como principal fuente financiadora al CDC de Atlanta (principales rivales de Patarroyo).

Mientras, arropado con el éxito en las vacunas de Patarroyo ensayadas por él, orquestaba nuevos instrumentos para continuar atrayendo fondos para investigación. Al tiempo que el hepatólogo Joan Rodés Teixidor creaba y se alzaba como director de la Fundación Instituto de Investigaciones Biomédicas Agusti Pi i Sunyer (IDIBAPS) en cuyo patronato figuraba Pedro Alonso; el 11 de diciembre de 1996 se inscribía en el protectorado de fundaciones docentes del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, la Fundación Comité Español de los Colegíos del Mundo Unidos (United World Colleges) dirigida también por Rodés y cuyo primer patrono era también Pedro Alonso.

Inauguración de la reina Sofía “inesperadamente” acompañada por Patarroyo del Centro de Investigación en Salud de Manhiça, creado para el desarrollo, aplicación y evaluación de la vacuna colombiana”

Corría 1997 y el estudio africano con Spf66 sobrante en neonatos (realizado sin permiso de Patarroyo) continuaba adelante, financiado con remanente de los fondos AECID del colombiano que administraba y gestionaba Pedro Alonso en el Clinic de Barcelona (aledaño a la facultad de Medicina).

Según documentos internos de la propia institución, a lo largo de ese ejercicio diferentes organismos europeos y norteamericanos enviaron a la Ciudad Condal 864 millones de pesetas. La AECI reportó 255 millones, el Nacional Institute of Health de EEUU transfería otros 7 millones, la Unión Europea 23 millones, y 1.900 pesetas la Universidad de Leiden (Holanda).

Como reza la memoria AECI, hacía un año de la creación del Centro de Investigación en Salud sobre enfermedades Tropicales de Manhiça (CISM) para el “desarrollo, aplicación y evaluación de la vacuna de la malaria del Dr. Patarroyo y la formación de personal investigador. La Fundación Clinic ejecuta el proyecto y cuenta con financiación de la Secretaría de Estado para la Cooperación Internacional y para Iberoamérica de 292.000.000 pesetas”. Además, durante ese año -según el referido documento- “se han construido las infraestructuras del centro y se ha organizado la logística para la toma de datos”. De este modo, con aportes económicos añadidos procedentes del Instituto Suizo de Medicina Tropical, Pedro Alonso comenzaba a montar su primer laboratorio mozambiqueño, en unas instalaciones antaño pertenecientes a un centro de formación abandonado. En 1998 sus responsables entregaron esos pabellones a la Cooperación Española para que con el presupuesto del Instituto de Inmunología de Colombia (FIDIC), Pedro Alonso gestionara las obras oportunas para comenzar en este país su primera vacunación con Spf66.

Hacia tiempo que Alonso, consideraba a Patarroyo un figurante que por sus convicciones éticas y solidarias dificultaba sus ambiciosos propósitos, y no encajaba en sus planes. Le había exprimido de forma muy hábil e inteligente, mediática y económicamente (gestionando su dinero) y se sentía -gracias a él- sobradamente encumbrado. Aunque el científico colombiano nunca obtuvo nada de estas cantidades “suyas”, continuaba confiando en su discípulo, mientras éste campaba a sus anchas por otros derroteros.

Todo aparentaba ir viento en popa, cuando a Pedro Alonso se propuso inaugurar las instalaciones del Centro de Salud de Manhiça (Mozambique). Patarroyo no había sido invitado, pero se encontraba de viaje en Tanzania (primera de las paradas de la reina en Ifakara), donde se habían ensayado sus primeras vacunas). Enterado del evento y sorprendido, embarcó en el mismo vuelo que la monarca española rumbo a Manhiça para mostrar a “la señora” las que habían sido creadas con el presupuesto que le había concedido la Cooperación Española y consideraba “sus instalaciones”. El desconcierto de Pedro Alonso al verle aparecer fue mayúsculo. Aunque acostumbraba a derrochar el dinero de la cooperación para darse importancia y aparentar poder, contratando costosas avionetas para desplazarse a lugares donde podían ir vehículos todo terreno por la mitad de precio; viendo que Patarroyo le iba a robar el protagonismo, le espetó extremadamente enfadado que no tenía dinero para alojarle. Patarroyo no daba crédito a sus oídos, cuando el presupuesto que manejaba el epidemiólogo español le pertenecía íntegramente, y optó por hospedarse sufragándoselo de su bolsillo en el mismo hotel que la monarca española.

Sin mostrar preocupación, el padre de la Spf66 optó por alojarse y costearse de su bolsillo el mismo hotel elegido para el descanso de la reina doña Sofía. El madrileño tenía poco interés en que supiera sobre productos de grupos científicos norteamericanos rivales del colombiano y totalmente ajenos a los acordados con la Cooperación Española, que por su propia iniciativa estaba probando y ensayando en esas instalaciones.

 El 30 de Abril de 1998, la reina Sofía flanqueada por Patarroyo inauguró las nuevas instalaciones del CISM, con sus construcciones terminadas y en plena actividad. Este acto escenificó la ruptura definitiva entre Pedro Alonso (que se vio forzado a no salir en la foto y ocupar un segundo plano) y Patarroyo. Nada hubiera trascendido si el epidemiólogo no hubiera costeado (con fondos de la Cooperación) el viaje a Manhiça de dos reporteros del Periódico de Catalunya, que fueron quienes dejaron testimonio gráfico y fotográfico en sus páginas del desarrollo de este evento, con el sugerente título: Patarroyo muestra a la reina su lucha contra la malaria en Mozambique”.

Durante el acto acompañó a Pedro Alonso su jefe en el Clinic, el doctor Manuel Corachán, pionero en medicina tropical en el Clinic y fundador de la Unidad de Medicina Tropical de la entidad catalana, a cuyo equipo se unió primero Clara Menéndez, y después Pedro Alonso. Pocas fechas después coincidió con él en la Conferencia Internacional de Medicina Tropical y Malaria celebrada en Ámsterdam. Ambos retornaron a Gambia para conocer las colaboraciones sobre mosquiteras impregnadas con insecticidas que Pedro Alonso y su mujer Clara Menéndez realizaban en este país africano para el Medical Research Council (MRC). Con Clara Menéndez en la Unidad de Medicina Tropical del Clinic y la llegada después de Pedro Alonso al mismo destino, con la intención de crear la Unidad de Epidemiología con el presupuesto de Patarroyo (también algunos de sus colaboradores colombianos como John Jairo Aponte) y otros contactos internacionales. Unidad de Epidemiología a la que después anexó la de Medina Tropical donde ya trabajaba su mujer. Alonso, con sus contactos internacionales maniobraba en la sombra (aunque cada vez más visiblemente) para deshacerse del colombiano..Tenía su dinero y le sobraba el científico. En esas fechas, El Clinic (ignorando por completo a Patarroyo y a Colombia) había anexado Manhiça al patrimonio del Instituto de Investigaciones Biomédicas Agustí Pi i Sunyer (IBIDAPS). Era una de las primeras entidades que con diversos nombres pero mismos objetivos (captar más fondos) irían integrando progresivamente todo un entramado societario de Fundaciones, ONG´S y organizaciones científicas y de investigación, con epicentro en el Clinic de Barcelona.

A lo largo de este ejercicio -según su propia contabilidad interna- diferentes organismos enviaron a la Unidad de Epidemiología del Clinic un total de 423 millones de pesetas. 80 millones llegaron de la AECI, 196 millones del Fondo de Investigaciones Sanitarias, 109 millones del Ministerio de Educación y Ciencia, y 36 millones de la Generalitat. No obstante, la Memoria anual AECID del mismo periodo le arrojaba otros 180 millones de pesetas (del IRPF,) que complementan los 290 millones de pesetas recibidos anteriormente”. Este texto hacía además hincapié en que “las relaciones bilaterales con España, (…) han evolucionado positivamente. A lo largo del año se han sucedido una serie de hitos importantes que han contribuido a ello, como son la visita de Su Majestad la Reina a Maputo para dar apoyo a nuestros programas de cooperación” y se refería a Manhiça afirmando que “este proyecto tiene como objetivo la creación de un Centro de Investigación en problemas de salud prioritarios para Mozambique y la formación de personal investigador, así como la prueba de las nuevas generaciones de vacunas contra la malaria que está poniendo a punto el Dr. Patarroyo”.

Bochornosa Tesis de Pedro Alonso, ensayos en embarazadas con el peligroso Maloprin, defensa de la Spf66 mientras potenciaba la RTS del ejército norteamericano y Glaxo

Sorprende encontrar en el Curriculum Vitae europeo de Pedro Alonso, que su Tesis Doctoral la desarrolló a lo largo de un trienio. Concretamente entre 1996-1999. El motivo fundamental que causa más estupor radica cuando se examina el contenido de la misma, descubriendo en sus escasas páginas que en ella no existe nada original y que un trabajo similar podría haberse hecho en apenas un par de meses.

Tras su “fracasada” inauguración del Centro de Salud de Manhiça y ulterior monumental enfado, Alonso andaba a trancas y barrancas con su Tesis. Aseguraba no tener tiempo para escribirla. Carecía de aportes originales. No tenía más que sus colaboraciones en Gambia (ensayo del peligroso fármaco Maloprin y toldillos impregnados con insecticidas) con el MRC y los de Colombia y África (desarrollo de la vacuna Spf66, en Fase III). Y Sir Brian Greenwood, su jefe en el MRC, se negaba a graduarle si no denostaba el producto colombiano. Buscaba en el propio Clinic, anexo a la Universidad de Barcelona, alguien que aprobara su “Tesis Doctoral”, encontrándolo en el doctor Carlos Ascaso. Un trabajo de grado que presentó antes de finalizar este ejercicio, tan “alucinante” como digno de un exabrupto. ¿Qué pensaran aquellos a quienes después él se las dirigió?.

La misma consta de 97 páginas, que engordó reproduciendo numerosas publicaciones científicas basadas en ensayos científicos realizados en Gambia y Tanzania donde tuvo participación, y añadiendo otras 20 páginas más en blanco. Un trabajo bastante mediocre, que podría pasar primero de Carrera y que deja en evidencia cualquier otra similar.

Si revela un delicado dato sobre el que siempre ha guardado el máximo silencio. Se trata del uso en Gambia del fármaco desarrollado por los laboratorios norteamericanos Jacobus Pharmaceutical Company denominado Maloprin (combinado de Piretamina y Dapsona), que anteriormente había sido registrado y retirado en Australia por sus graves efectos secundarios en mujeres embarazadas. “La adicción de quimioprofilasis con Maloprin aumentó la protección frente a los episodios clínicos hasta el 97%, pero no parece haberse traducido en una mayor protección contra la mortalidad”. También alude a su trabajo en torno a las mosquiteras impregnadas con insecticidas, aunque el grueso lo dedica a la Spf66 sin mencionar en ningún caso el nombre de Patarroyo. Curiosamente la empresa pediátrica española que más toldillos y mosquiteras ha proporcionado para ensayos en África está radicada en Barcelona. Se trata de Jane, la de los famosos cochecitos para bebés.

En 1998, bajo la dirección del doctor Carlos Ascaso (Departamento de Salud Pública del Clinic de Barcelona), Pedro Alonso presento un “trabajo” de 97 páginas titulado “Evaluación de Estrategias de Paludismo”, que desde el punto de vista universitario parece no tener precedentes. Con Ascaso ha publicado siete trabajos sobre malaria en Tanzania y Mozambique, donde Alonso realizó los experimentos con la Spf66, y donde tras malversar con complicidades en la AECI el presupuesto destinado al colombiano, para construir sus propios intereses, acostumbra a invitar a sus allegados para que conozcan la infraestructura que montó con las subvenciones de Patarroyo que gestionó y administró.

La Tesis Doctoral del Dr. Pedro Alonso se disecciona del siguiente modo. De sus 97folios, 20 están en blanco. Quedan 77, de las que 35 aportan texto original del autor con contenidos de entre 21 y 23 líneas, sin citar en ningún momento el nombre de Patarroyo, ni Colombia, el país de la Spf66. El resto, 42 páginas, corresponden a papers publicados en diferentes revistas científicas. Los ensayos en Gambia abarcan 29 y los ensayos en Tanzania (todos sobre el preparado sintético colombiano) 30. Los primeros aluden a la protección y el tratamiento, mientras los segundos se refieren a prevención e inmunología.

Hay más todavía. De las 35 páginas escritas por Alonso, 5 son un resumen de lo que pretende mostrar en ella, 6 son el índice, 1 es la introducción, 2 hablan del ciclo biológico, 6 del control de la malaria “pasado y presente”, en 2 plantea hipótesis, dedica otras 2 a relatar el material y métodos utilizados, 5 las usa para extraer conclusiones, 1 más para el resumen de resultados y 2 para agradecimientos.

Excluye a Patarroyo (no menciona el dinero de la AECID para cinco países, que malversó), Carlos Alonso Bedate (Jesuita del CSIC), Yolanda Silva (Instituto de Inmunología de Colombia), Armando Albert, Manuel Carlos López y Carmen Thomas (Instituto de Parasitología López Neyra en Granada, donde trabajó) y otros muchos que contribuyeron decisivamente a encumbrarle y a quienes debe -indudablemente- su posterior éxito.En ella Pedro Alonso reconoce la vacuna del Dr. Patarroyo como valida y eficaz, recomendando su continuidad. “Es segura en grupos étnicos y etarios con diversos grados de inmunidad. Ha producido buenas respuestas humorales (…). Ha inducido anticuerpos (…). Ha reducido la incidencia de episodios clínicos en un 31% y la densidad media de parasitación en un 20% (…). La protección estimada (…) justifica su posterior desarrollo y evaluación (…) para el control de la malaria”.

No obstante, en 1998, fecha de su Tesis, el Clinic llevaba ya tres años (desde 1995) recibiendo dinero de Estados Unidos y la Unión Europea, para que retomara la “multifallida” RTS norteamericana que sumaba más de 16 fiascos . Está última contaba con más de 15 ensayos fallidos, pero Patarroyo no estaba dispuesto a vender su patente y había que apartarle del panorama palúdico internacional para evitar la fuga a Colombia de importantes subvenciones europeas y americanas para investigar en malaria.

Bill Gates tenía controlados con generosas subvenciones a los grupos científicos de todo el mundo en posesión de productos en fase de investigación y desarrollo, susceptibles de poder convertirse en vacunas, salvo el creado en el Instituto de Inmunología de Bogotá, propiciando situaciones tan curiosas como las declaraciones (25 de junio de 2003) de Peter Goodfellow (Vicepresidente de investigación de GlaxoSmithKline) a El País, donde manifestaba “hemos decidido centrarnos en la síntesis química para buscar fármacos”. Método éste desarrollado por Patarroyo en Colombia. Síntesis en todos los productos salvo la RTS, que es recombinante.

Desfase superior a siete millones en la AECID, desaparición de Patarroyo en sus memorias, la “cocina” de Pedro Alonso premiando a su premiador, “una mentira compartida” y fuga del epidemiólogo a la OMS para sortear la imputación de la infanta Cristina en el caso Noos

Tras rebelar su prolongado juego sucio durante la inauguración del Centro de Salud de Manhiça por parte de la reina Doña Sofía y Patarroyo, y conseguir que alguien del Clinic de Barcelona (Dr. Carlos Ascaso) le pasase “de tapadillo” su fraudulenta Tesis Doctoral, algo a lo que sus anteriores jefes británicos se negaban por publicitar unos resultados de Patarroyo mucho mejores que los suyos; Pedro Alonso reniega definitivamente de su principal valedor, retomando los estudios que desde hacía más de dos décadas habían emprendido sus socios del MRC, Walter Reed Army Institute Research, CDC de Atlanta, Glaxo, etc… con la RTS que pese a cosechar fracasos en cadena, destaparon por ser el único producto que tenían para competir con el colombiano.

Mister 30%, como apodaban a Pedro Alonso, porque todos sus ensayos le daban siempre estos resultados, quien con el tiempo se convertía en el “Plasmodium Clinic” de Patarroyo, por su comportamiento parasitario con el colombiano, le contaba al periodista José Luis Toledano, que con la RTS “habían conseguido índices de protección del 95%”, aunque en otra entrevista posterior rebajaba la cifra al 50%. Lo verdaderamente real era que en ningún caso habían superado el 31%, ocultando fracasos en disolventes, adyuvantes, etc… y sus nefastos efectos secundarios: la RTS produce apoptosis. (concluidos sus efectos inmunoprotectores genera en los individuos vacunados una progresiva muerte lenta celular, haciéndoles más susceptibles y favoreciéndoles para volver a contraer la enfermedad).

A partir de 1999, Patarroyo, Colombia y la SPf66 en quienes se había basado y para quienes se había creado el Centro de Salud de Manhiça desaparecieron íntegramente en las memorias de la AECID; y Pedro Alonso no tuvo pudor para declarar en algún medio de comunicación que “la spf66 era como una cocinilla que una vez salía de una manera y otras de otra y en una enfermedad tan mortal no es serio. (…) por tanto (…) no sirve para el control de la malaria”. Incluía su propio ensayo en Tanzania con eficacia 31% en adultos; y ocultaba que el verdadero mejunje había sido fabricado por sus socios norteamericanos e ingleses para vacunar en Gambia y Tailandia., como -ellos mismos- habían reflejado durante 1995 en la revista Parasite Inmunology.

Durante este ejercicio, diferentes organismos europeos enviaron al Clinic 749 millones en 1999, de los que 35 millones procedían del Nacional Institute of Health de EEUU. A partir de 1999 (gobernando el PP) Patarroyo desapareció en las memorias la AECI; no obstante la de este ejercicio dejó un lastre de 7.237.140 pesetas . Bajo el epígrafe “programa comunitario de prevención de la malaria en zonas rurales (pag. 208) divulgó un presupuesto de 59.511.140 ptas; mientras en digital (web institución) la cifra por similar concepto fue de 52.274.000 ptas. Un error de más de siete millones (7.237.140) de ptas, contenido en un aburrido texto institucional, destinado a no ser leído por nadie.

Actualmente, Yara, antropóloga social e hija mayor de Pedro Alonso y Clara Menéndez, trabaja para el ISGlobal en el Centro de Salud en Manhiça (Mozambique), donde entre sus tareas está preparar y escribir textos para publicaciones científicas internacionales, encargándose de su análisis formal, visualización, redacción de borradores, revisión y edición. Antes estuvo en Bruselas trabajando como au-pair y estudiando en la India.

El 28 de noviembre de 2005, Pedro Alonso confirmaba a Diario Médico la existencia en Barcelona de numerosos investigadores colombianos, destacando la labor del estadista John Jairo Aponte. Reconocía a Patarroyo este aporte humano como “uno de sus éxitos”, asegurando que “formó a toda una generación (…) que ahora están diseminados por el mundo” y sobre él aseguraba que “su fracaso no fue la vacuna, sino no poder consolidar un centro de investigación de referencia internacional en Colombia”. De este modo, dejaba claro la eficacia de la SPf66, sin mencionar para nada las subvenciones de más de 600 millones de pesetas que la Cooperación Española asignó al colombiano y él se encargó de administrar, gestionar y malversar destinándolas a otros proyectos.

El 8 de mayo de 2007 Alonso recibió la medalla de oro de la Cruz Roja, sin que le supusiera ningún condicionante ético para -en junio de 2012- encabezar el jurado del Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, que falló a favor del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja. Quizá Pedro Alonso no sea exactamente -como tituló La Razón, en febrero 2017- “el español que ha salvado seis millones de vidas (y las que quedan)”.

Cuesta asimilar, el post de la AECID con fecha 7 de julio de 2015, para conmemorar dos décadas del Centro de Manhiça, titulado “una historia compartida”, cuando se trata de “una mentira compartida”. “Enmarcado dentro de la histórica relación de cooperación entre España y Mozambique, el CISM nació de la voluntad de las personas que en el año 1995 ocupaban cargos ministeriales en ambos países y de la visión de los investigadores que desde el Hospital Clinic de Barcelona (España) y el Instituto Nacional de Sanidad y la Universidad Eduardo Mondlane de Maputo (Mozambique) lideraron este ambicioso proyecto”. Una vez más basta con retrotraerse a las memorias de la AECID, consultables en su propia Biblioteca, para constatar la absoluta falsedad.

De nada ha servido el papel tras la “huida” de Pedro Alonso a la OMS para salvaguardarse del caso Noos que ha salpicado e imputado a la infanta Elena (Presidenta de ISGLOBAL), ni sus reiterados intentos ante la Agencia Europea del Medicamento, para que incorpore la RTS al Programa Europeo de Malaria como profilaxis contra la enfermedad, silenciando sus graves y peligrosos efectos secundarios generando en los vacunados una disminución de su inmunidad y una lenta muerte celular, denominada apoptosis.

“Su trabajo más trascendental (y clave) lo llevó a cabo en Gambia. Se publicó en Lancet, en 1991. Fue la primera demostración de reducción de malaria gracias a las mosquiteras impregnadas en insecticida, (…). Esas sí que salvan vidas. (…), sin embargo se me conoce por la vacuna; (…) aunque “nunca existirá ‘la vacuna’, sino varias vacunas, que poco a poco irán incrementando la eficacia con nuevos prototipos y nuevos avances”, aseguró Pedro Alonso al reportero Luis Toledano (“A la sombra del cajueiro”). Efectivamente, fue Patarroyo, la SPf66 colombiana (nada tuvo éste que ver -salvo su posterior complicidad y relación con los autores- con la SPf66 norteamericana) y -muy especialmente- el periodista Luis Ángel Fernández Hermana (El Periódico de Cataluña) quienes le dieron a conocer y le hicieron famoso.


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Javier Julio García Miravete

Escribo luego existo. Me apasiona la cultura y soy un empedernido luchador contra la injusticia y la corrupción. Admiro la sabiduría de los demás y a cuantos crean para la construcción de un mundo mejor. No me duelen prendas para reconocer en los demás méritos y virtudes, que me gustaría aprender de ellos. Soy un rebelde con causa siempre abierto a nuevos caminos y empresas. Periodista amante de la ciencia, el arte, la literatura, la fotografía, el cine, la música, el coleccionismo, los libros y papeles antiguos que me permiten reconstruir perfiles e historias de otros tiempos. Sueño con proyectos magníficos que me desbordan y que no logro activar por desintereses políticos. Desde aquí impongo mis normas sin someterme a protocolos. Escribo lo que quiero como quiero e intento ser libre.

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