Miguel Lizana presentó «vidas y tránsitos», imágenes de un recorrido existencial


El pasado 29 de abril, el fotógrafo aragonés Miguel Lizana, presentó en Madrid su último libro: “Vidas y Tránsitos”. Se trata de una equilibrada y cuidada selección de 140 instantáneas en blanco y negro, realizadas entre el 2000 y el 2004 “con cámaras de segunda mano” y agrupadas en cuatro series, que desvelan un recorrido visual y existencial del autor en países como Bosnia y Herzegovina, Guatemala, Cuba y Uruguay. Una colección de imágenes y vivencias -con vocación de escapar al tiempo y permanecer impresas en la memoria colectiva- adornadas con textos de Carlos Marzal, José Daniel Espejo, Javier Payera, Lara Moreno y Mario Benedetti.

Durante el acto estuvo arropado por la Directora General de Bellas Artes Ángeles Albert y el responsable de Tropo Editores Oscar Sipan. Además, de un nutrido grupo de amigos, entre los asistentes a la Central del Centro Nacional de Arte Reina Sofía se encontraba el veterano  médico, fotógrafo y ex jefe de ayuda humanitaria de la AECID Juan Bartolomé.

Fotógrafo social de imágenes que inquietan por su potente fragilidad

Miguel Lizana Barco (Zaragoza, 1970) trabaja actualmente como fotógrafo de la Agencia Española de Cooperación Internacional y para el desarrollo (AECID). Es licenciado en Derecho y diplomado en Fotografía por Kensington and Chelsea College de Londres. Pertenece a una categoría de jóvenes creadores que entiende su trabajo como una síntesis de sensación e información, no exenta de una crítica serena.

Reconocido en varios certámenes fotográficos, en 2007 publicó «El tubo: Memoria de un abandono», junto al cineasta Antonio Tausiet. Una obra, que según resaltó el Heraldo de Aragón (13 diciembre 2007), estuvo entre los libros más vendidos en esta Comunidad Autónoma.

A través de “Vidas y Tránsitos” el autor ha buscado abrir una ventana en la vida de “esos otros”, alejados entre oscuridades profundas, marcados contrastes y parajes solitarios y deshabitados. Una obra ésta excepcional, resaltada por el mimo de una cuidada edición, que compendia una colección visual de claro contenido social. Cada una de sus series, narra en si misma numerosos capítulos de supervivencia y soledades.

En ella, una galería de personajes anónimos asoman a su objetivo,  penetrando en su retina y -muchas veces- también en su corazón. Refugiados de Mostar, asentamientos gitanos, niños encallecidos, mujeres desencantadas y ancianos ajenos al tiempo forman parte de estas historias. Un precioso cuaderno de viajes donde la fotografía y la palabra se aúnan, conviviendo en plena armonía.

Instantes retratados y poéticamente ilustrados con textos literarios de conocidos autores. El poema «una más alta empresa» -de «metales pesados»- con que Carlos Marzal obtuvo en 2002 el Premio Nacional de Poesía, sirve de prólogo a “Vidas y Tránsitos”, seguido a continuación otros poemas que abren paso a cada una de las cuatro series en que se divide el volumen. “La larga glosa” del alicantino José-Daniel Espejo para Bosnia-Herzegovina, “la resignación y la asfixia” del guatemalteco Javier Payera para Guatemala, “apoyado en un Mustang del 66″ de Lara Moreno para Cuba, y «bienvenida», de la obra «poemas de otros» de Mario Benedetti, para Uruguay.

Las series de «Vidas y tránsitos» -duras, con oscuridades profundas y marcados contrastes- beben del clasicismo de la fotografía de Salgado, Koudelka, Willy Ronis, Robert Frank… extremadamente meticulosos en la composición de sus imágenes. Un juego de luces y sombras combinadas en blanco y negro, que transforma estos instantes del autor en impactantes fotogramas atemporales que inquietan y seducen al lector (al visor) por su potente fragilidad. Su objetivo nunca permanece ajeno a lo que vive.

“Vidas y Tránsitos”, aparecida con el sello de Tropo editores, ha contado con el apoyo y colaboración  de la Agencia Española de Cooperación Internacional y para el Desarrollo.

Una distancia entre dos tristezas (europea y centroamericana) que impresiona

“Miguel arrastra en sus fotos una polémica contraria a esa felicidad (muy de nuestro tiempo) que consiste es disparar y escapar. En él existe una implicación plena y con su personal visión se introduce en sus protagonistas consiguiendo contar en cada instantánea una historia. Sabe capturar momentos”. Así lo definió, el editor de Tropo, Oscar Sipan- durante la presentación madrileña de su segunda obra.

“Me impresionó muchísimo -continuó- su distancia entre dos tristezas. La europea en la serie de Bosnia y la centroamericana en la serie de Guatemala, totalmente distintas. En la primera, percibo una desolación reciente y desechable, mientras en la segunda intuyo una melancolía heredada y casi genética. Eso se palpa, del mismo modo que logra genialmente acariciar la luminosidad de Cuba, o describir diversos paisajes aperturistas durante su tránsito por Uruguay”.

“Me interesa la fotografía desde un concepto de algo que está por desaparecer y Miguel lo atrapa. ¿Cómo lo hace?. No lo sé, pero… ¡lo consigue!. Parece que incluso a esas construcciones de edificios les busca el alma!”, concluyó Sipan.

Albert versus Lizana: aterrizaje simultaneo de dos “marcianos” en la cooperación

Antes de referirse a las imágenes que conforman “Vidas y Tránsitos”, la Directora General de Bellas Artes, Angeles Albert, relató sus “vínculos” con el autor, recordando como ambos aterrizaron en la cooperación española “el mismo día” “como dos marcianos”. Miguel venía de Barcelona, cargado de ilusión y de proyectos culturales, embarcado en la preparación de “el tubo” -su primer libro- y con la oposición a cuestas. “Cada vez que alguien se refería a él, me preguntaba, pero ¿este chico sabe en qué va a trabajar aquí? ¿realmente cree, que va a hacerlo en cultura?. Han pasado los años y hoy trabaja de fotógrafo en la AECID. “Todos esos pasos, aunados con esos misterios de la vida y esos sueños abiertos confluyen y se dan la mano”.

Aunando en el contenido fotográfico de la segunda obra editorial del zaragozano comentó: “a mi me parece que hay muchos niveles en la forma de ver la misma fotografía. Todas son magnificas. Reflejan vidas que están a punto de romperse con ángulos exóticos. Me ha sorprendido mucho -especialmente- la mirada de Uruguay. Estoy convencida de que Miguel esperaba otras vivencias cuando estuvo allí porque no hay ni una sola imagen humana. Estas instantáneas las muestra como auténticas postales urbanas, donde no aparecen siquiera unos ojos”, aseguró la arqueóloga y responsable de Bellas Artes.

“Los textos que ha elegido para ilustrar Vidas y Tránsitos son páginas obtenidas de la tristeza y la soledad, pero con una mirada poética que va más allá de las imágenes, insistiendo en la forma de ver a estos protagonistas anónimos. Aquí hay personas que parece que salen de las páginas con visiones que cuajan las realidades mostradas”.

Durante su presentación, Albert comparó la personalidad artística del zaragozano con la de Ouka Lele (Premio Nacional de Fotografía 2005) quien decía en una entrevista: <<he sido siempre muy insegura. Me ha costado muchos años creer que mi obra podría interesar a los demás, y cuando veo que me comunico a través suya, siento una gran alegría>>. A veces Miguel parece que tiene inseguridad cuando habla, e intenta situar su trabajo visual en un plano distinto -horizontal- que no siempre tiene que ver con la humildad de sus protagonistas, ni la certidumbre o incertidumbre de que vaya a trascender, sino con la sensación artística de no querer concluir eso que está haciendo”.

Encuentros fotográficos y visuales con la vida cotidiana

“Cuando me hablaba de sí mismo decía: mi fotografía no es ni mucho menos de denuncia social, sino un encuentro con la vida cotidiana de sus habitantes”, subrayó Albert en tono confidencial sobre -su “compañero de viaje” en la cooperación.

“Esto me lleva nuevamente Ouka Lele y la manera en que entiende su obra como <<poesía virtual, una forma de hablar sin usar palabras>>. Tras cada una de las ventanas reflejadas en estas imágenes de Bosnia-Herzegovina, de estos edificios con arquitecturas especiales de miradas oblicuas y trasversales -que aparecen en “Vidas y Tránsitos”- se esconden relatos anónimos con una enorme carga emocional”.

Para concluir su comparación entre autores, la Directora General citó al fotógrafo Alberto García Alíx cuando comenta: <<yo no deseo un momento concreto, lo que busco es pintar los ojos del retratado en ese preciso instante por ambos compartido>>. Eso es esencialmente, lo que hace Miguel cuando coge la cámara y se va a recorrer las calles de otros países”, concluyó convencida.

Miguel Lizana: “más que dar respuestas, intento abrir preguntas”

El último en intervenir fue el autor, quien relató su porqué sobre estas instantáneas enmarcadas dentro del documento social. “Creo que son fotografías que realmente no ofrecen respuestas. Cada imagen en su instante nace y, uniéndolas, son un conjunto de instantes. Pero, realmente, lo máximo a que puedo aspirar es a sugerir o abrir preguntas”.

Miguel también se refirió a García Alix, aplicando una frase suya  “a lo que veía en el Malecón de La Habana”. Decía: <<todos buscamos respuestas en preguntas, pero en el momento en que encontramos las primeras ya nos han cambiado las segundas>>. La realidad de cada imagen que plasmo aquí contiene mi propia subjetividad, sin reflejar lo que realmente está ocurriendo en estos países”.

La serie de Bosnia-Herzegovina es importantísima para mí. Reconozco que un mes no es suficiente para poder plasmar una realidad. Sin embargo, con este instante que recoges en cada personaje que se esconde ahí, consigues hacer una interpretación diferente, te cuestionas más cosas, o simplemente te generas más preguntas. Es la misión de la fotografía documental. Digamos que más que dar respuestas -que no me ha proporcionado- pido soluciones”.

A continuación se refirió a sus instantáneas de Guatemala y La Habana. “Para mí son muy emotivas porque, según terminé de estudiar fotografía, me lancé a viajar -casi por instinto vital- para tomar imágenes -en una especie de cruce de tránsitos- como un observador que no deja de ser intruso en ese escenario”. “¿Me imagino qué pensaría la gente de Bosnia viéndome -casi sin ropa- disparar la cámara en pleno invierno nevado (o en Centroamérica o Cuba)?. Son dos extrañezas: la del extranjero que intenta contactar con ese mundo y el verdadero camino de la cotidianeidad”.

Conmoción e impacto emocional.  “Trastienda” de una foto en los Balcanes

«Durante mi periplo balcánico, quería tocar el tema de la etnia gitana y transversalmente todo lo concerniente a la huella que había dejado la guerra en Grosnik una década después de acabar el conflicto. Muchas veces, la realidad del país acaba moldeando el trabajo. Cuando llegué, me di cuenta que ya no había tantas balas, ni residuos bélicos en sus calles, pero quedaban muchas cicatrices dentro de sus gentes”, explicó Miguel.

“Para elaborar este tipo de libros -aseguró- lo único que hay que tener, es corazón. No puede hacerse con imágenes espectaculares. Debe existir un sentimiento compartido con las personas que vas a retratar”. De este modo, el autor de Vidas y Tránsitos abrió una parte de su alma creativa a los presentes durante el acto celebrado en el madrileño Centro de Arte Reina Sofía.

Tras estas palabras, inmediatamente brotó en él un recuerdo tan emotivo como conmovedor, de esos que perduran de forma perenne en el corazón del artista y azarosamente -casi sin querer- en ocasiones afloran a la superficie.

“Durante el asedio de Sarajevo, los francotiradores estaban en las colinas y la población tenía que sepultar a sus muertos en sitios protegidos (normalmente en parques). En la serie de Bosnia hay una imagen que todavía me sobrecoge. Tomé un retrato de un señor que estaba sentado en un banco. Después, intenté conversar con él para saber porqué estaba allí y qué le había pasado. En un ingles rudimentario -llegamos a entendernos- me explicó que iba todas las mañanas a leer, porque justo detrás suya tenía enterrada a toda su familia. Tras conocer esto, sentí que si hubiera tenido que hacer la foto después, no hubiera sido capaz. ¿Cómo recoger semejante mensaje y carga emocional en una simple instantánea?. Por eso, a través de la imagen intento atrapar y narrar historias que -a veces- como fotógrafo social no sé si podría transmitir”, concluyó Lizana.

 


Javier Julio García Miravete

Escribo luego existo. Me apasiona la cultura y soy un empedernido luchador contra la injusticia y la corrupción. Admiro la sabiduría de los demás y a cuantos crean para la construcción de un mundo mejor. No me duelen prendas para reconocer en los demás méritos y virtudes, que me gustaría aprender de ellos. Soy un rebelde con causa siempre abierto a nuevos caminos y empresas. Periodista amante de la ciencia, el arte, la literatura, la fotografía, el cine, la música, el coleccionismo, los libros y papeles antiguos que me permiten reconstruir perfiles e historias de otros tiempos. Sueño con proyectos magníficos que me desbordan y que no logro activar por desintereses políticos. Desde aquí impongo mis normas sin someterme a protocolos. Escribo lo que quiero como quiero e intento ser libre.

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