Voces del Desierto

"Por la dispersión de la arena del desierto y la distancia entre oasis y oasis, esta web también será participe de vuestras voces, todas aquellas que le hagais llegar"

ArtículosPersonajes

La máquina de recuperar coches


Aconteció hace más de una década en la madrileña Comisaría de Policía de Leganitos. El azar de una patrulla mezclado con el buen humor de un funcionario, puso en alerta a EEUU sobre una eficáz “tecnología puntera”, -como pudo comprobar un diplomático norteamericano- que en el más riguroso de los secretos se probaba precisamente en esas dependencias policiales. Estados unidos pidió cita con el Jefe Superior de Policia para interesarse por «la máquina de recuperar coches».

La cotidianeidad de cualquier trabajo está siempre repleta de pequeñas anécdotas. Unas más graciosas y otras menos. No recuerdo quién me contó éste curiosa historia sucedida hace ya muchos años en la Oficina de Denuncias de la madrileña Comisaría de Leganitos, aunque el relató me hizo sonreír y quedó registrado en mi memoria. Hoy he decidido contarlo para que entre todas esas Voces del Desierto, perdure el ingenio de un humilde agente de policía español sobre la ingenuidad de un alto cargo del país más poderoso del mundo.

El azar policial y el enorme sentido del humor de un funcionario estuvieron a punto de generar un pequeño “incidente” diplomático entre nuestro país y EEUU. La diplomacia norteamericana tuvo conocimiento de que España estaba experimentando con tecnología punta, mostrando a nuestras autoridades su interés por ese sensacional hallazgo. Se trataba de “la máquina de recuperar coches”

Robo de un vehículo oficial del gobierno norteamericano

Ocurrió hace ya muchos años. Quizá más de una década. Era muy temprano. El reloj marcaba las primeras horas de la mañana. Antes de incorporarse a su despacho en la madrileña calle Serrano, un alto cargo de la Embajada de EEUU, se dispuso a realizar unas gestiones bancarias.

De camino, el diplomático norteamericano estacionó su flamante vehículo oficial en frente de la entidad financiera situada en un elegante barrio de Madrid. La gestión iba a ser rápida: acababan de abrir y dentro tan sólo estaban sus empleados.

Ni corto ni perezoso Mr. X estacionó su vehículo en frente, poniendo rumbo al interior de este edificio. Costaba que un trasporte de esa categoría pasara desapercibido, hasta tal punto que, “alguien” se percató que el conductor de ese jaguar, hacía olvidado cerrar las puertas.

Y ese mismo “alguien” decidió tomar prestado el cochecito y darse una vueltita por Madrid. El paseo duró poco: llamaba demasiado la atención. La elegante cilindrada del bólido contrastaba con el aspecto “probablemente” desarraigado de su “ocasional” conductor.

Abandono en una callejuela en la Plaza de España y curiosidad de una patrulla policial

Algo extraño debió notar el ladrón para no demorar demasiado su paseo en tan flamante vehículo. Tras atravesar la Gran Vía decidió abandonarlo en una callejuela cercana a la Plaza de España y… a la Comisaría de Policía de la calle Leganitos.

La rapidez y eficacia de la policía pronto se hizo notar. El azar propició que poco tiempo después pasaran dos policías que se encontraban “de servicio” patrullando por esa zona. Pronto el cochazo les llamó la atención: tenía la puerta del copiloto medio abierta, era extranjero y estaba mal aparcado

Echaron mano del walkie talkie y enseguida comunicaron con la central para verificar los datos de ese vehículo. No había duda, el jaguar era un vehículo diplomático y pertenecía a la Embajada de EEUU en nuestro país.

Los policías de Leganitos procedieron a precintarlo y hacerse cargo del mismo, sin moverlo de su emplazamiento, pero, esperando que algún establecimiento policial les notificara la denuncia de su sustracción.

Sorpresa de Mr. X ante la sorprendente eficacia de la policía española

No hacía ni media hora que los agentes habían identificado el vehículo, cuando la casualidad hizo que Mr. X apareciera ante la Oficina de Denuncias de Comisaría situada en la mismísima calle Leganitos. Era temprano y un funcionario «andaluz» le atendió.

Con su característico acento gringo, el alto funcionario norteamericano exclamó: “¡Vengo a denunciar el robo de un coche oficial de la Embajada de EEUU que dejé estacionado en frente de una oficina bancaria!”.

La coincidencia de los datos de la denuncia con los que pocos minutos antes había registrado, llevó al agente a “bromear” muy seriamente con el denunciante. Como si de cualquier tontería se tratase, le comentó que por su condición de diplomático del país más poderoso del planeta iban a usar con él un desconocido aparato. Era tecnología punta que estaba desarrollándose en nuestro país, que se encontraba aún en fase de experimentación.

Introduciendo una serie de datos, rastreaba y actuaba vía satélite (en esas fechas no existían los GPS) para localizar vehículos robados. En el argot policial era llamada “la máquina de recuperar coches”.

Incrédulo el diplomático asistió a la sensacional puesta en escena e interpretación que el agente de la Oficina de Denuncias de la madrileña calle de Leganitos le brindó. Hizo el ademán de introducir unos datos en el ordenador, y empezó a presionar los botones de la propia emisora, generando una serie de ruidos y pitidos.

Impecablemente uniformado y muy serio, a los pocos minutos, el policía español se dirigió al diplomático norteamericano y le espetó: “Su coche se encuentra estacionado en la Calle Torija, muy cerca de esta Comisaría. Ahora mando a un compañero para que el acompañe a recogerlo y verifique si le falta algo”.

Visita al Jefe Superior de Policía de Madrid de una delegación norteamericana

Sorprendido el diplomático regresó al establecimiento policial, solicitando al agente que le brindara detalles sobre “la máquina de recuperar coches”. Este comentó que habían hecho una excepción en su caso, pero que era un prototipo secreto en fase experimental y no estaba autorizado a ello.

Semanas después, el Jefe Superior de Policía de Madrid recibió en su despacho situado entonces en la madrileña calle Fomento la visita de una Delegación de la Embajada de EEUU en España encabezada por su agregado comercial, a quien acompañaba Mr. X.

La secretaría comunicó al mandatario policial que los visitantes venían muy interesados en “la máquina de recuperar coches” que en el máximo secreto y sigilo estaba probando la policía española en la Comisaría de Leganitos.

Si sería grande el secreto que el propio Jefe Superior de Policía, se quedó estupefacto, y pidió a los visitantes que esperasen en una sala adjunta mientras realizaba unas gestiones urgentes.

De inmédiato, telefoneó a la Oficina de Denuncias de este establecimiento policial, requiriendo en su despacho la presencia urgente del funcionario que se encontraba de servicio el día de la denuncia.

 Una sensacional «inocentada»

Un poco asustado éste relató a su superior jerárquico la coincidencia temporal entre la localización del coche y la denuncia, refiriéndole la broma a la que había sometido al diplomático inventándose “la máquina de recuperar coches”. Pese a la seriedad que se le atribuía, el responsable policial no pudo contener la risa irrumpiendo en carcajadas.

Con dificultades para mantener el tipo, recibió a sus ilustres visitantes a quienes explicó la sensacional inocentada que su subordinado había brindado a Mr. X, dejando a éstos plenamente desconcertados y sin que apenas pudieran salir de su asombro.


Javier Julio García Miravete

Escribo luego existo. Me apasiona la cultura y soy un empedernido luchador contra la injusticia y la corrupción. Admiro la sabiduría de los demás y a cuantos crean para la construcción de un mundo mejor. No me duelen prendas para reconocer en los demás méritos y virtudes, que me gustaría aprender de ellos. Soy un rebelde con causa siempre abierto a nuevos caminos y empresas. Periodista amante de la ciencia, el arte, la literatura, la fotografía, el cine, la música, el coleccionismo, los libros y papeles antiguos que me permiten reconstruir perfiles e historias de otros tiempos. Sueño con proyectos magníficos que me desbordan y que no logro activar por desintereses políticos. Desde aquí impongo mis normas sin someterme a protocolos. Escribo lo que quiero como quiero e intento ser libre.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Traducir »