Cruz Roja concede su medalla de oro «póstuma» al médico y cooperante de la AECID, Dr. Juan Bartolomé


Cruz Roja Española tenía previsto y anunciada la concesión al Dr. Juan Bartolomé, de la medalla de oro por su magnifico compromiso solidario y destacada labor humanitaria. Un galardón que como en ediciones anteriores le sería entregado en el mes de mayo y vendría de manos de S. M. la reina Doña Sofía. Su inesperada y repentina muerte ha llevado a la institución, a otorgársela a título póstumo. Juan Bartolomé nació en 14 de Julio de 1936 y falleció el 15 de diciembre de 2010.

Sobre su prácticamente irreconocible figura, en el Tanatorio de las Rozas colgaba este hermoso premio que -auque adelantado a su fecha- ha llegado más tarde de lo previsto para un hombre bueno, excepcional e irrepetible que se nos ha marchado antes de lo previsto.

Todo estaba preparado para la entrega del más prestigioso galardón de Cruz Roja Española que honra la labor de quien ha sido indiscutiblemente el mejor cooperante español de los últimos tiempos.

Este es el discurso que ya no podrá ser leído -al que ha tenido acceso en exclusiva www.vocesdeldesierto.es– y que como administrador de esta página reproduzco textualmente, con gran tristeza y el profundo orgullo que me confiere haber tenido el inmenso honor de haberle conocido y haber participado de su amistad. Voces del Desierto dedicará un pequeño homenaje a este ser humano insustituible que ha dejado una huella imborrable en muchos corazones y al que -sin conocerle- deben la vida muchos miles de personas en todo el mundo.

DR. JUAN ANGEL BARTOLOMÉ MARTÍN

Oriundo de la Sierra de la Demanda (provincia de Burgos), el Dr. Juan Ángel Bartolomé Martín había recorrido ya medio mundo trabajando en otras áreas, antes de dedicarse plenamente a la cooperación internacional y en especial a la acción humanitaria.

Minero, empleado en la construcción de una presa e incluso pescador durante el transcurso de algunas campañas en África, el doctor Bartolomé llegó a ser el médico de la primera expedición científica española a la Antártica. Dentro del campo de la medicina –el suyo por definición- sus destinos profesionales van desde el instituto Social de la Marina, hasta médico de a bordo de varias compañías navieras españolas; donde su impecable formación, convicción y trasgresión tampoco pasaron desapercibidas.

Tras una vida muy relacionada con el mar -llegando incluso a presentarse a las oposiciones de Farero- y donde tras más de cuatro años de trabajo, en mayo de 1979 dio a luz el Centro Radio Médico Español que muy pronto se consolidó como una de las iniciativas mejores y más internacionales de la marina española, participando en salvamentos marítimos desde el buque Hospital “Esperanza del Mar”, insignia de la Armada Española, buque que fue diseñado y botado gracias al empeño de Juan.

Tras este periplo, Juan volvió a sus orígenes en tierra firme. Esta vez como profesor de la Escuela Nacional de Medicina del Trabajo en la Universidad Complutense de Madrid, tras lo cual, accedió a su primer cargo oficial dentro del Instituto de Cooperación al Desarrollo como Coordinador Sanitario de la cooperación española en Guinea Ecuatorial.

Su vocación de servicio a los demás ha sido una constante en su vida profesional y ha conocido sus manifestaciones más visibles tanto desde  el ya nombrado Instituto Social de la Marina como desde la Agencia Española de Cooperación Internacional y para el Desarrollo.

En el instituto Social de la Marina fue el arquitecto y primer director del Centro Radio Médico Español, siendo una referencia mundial en la atención sanitaria a tripulaciones. En la agencia ha sido el principal exponente de la ayuda de emergencia en los pasados catorce años. Es difícil no haberlo visto subiendo a los aviones que partían hacia Ruanda, Centroamérica, Irak, Indonesia, Pakistán… tras cada catástrofe natural. Son tantos los países donde ha desplegado su ayuda “humanizada” que sería más fácil enumerar a los que no ha tenido que viajar.

En estos años muchas cosas han sucedido. En los últimos, la ayuda humanitaria de la AECID ha experimentado un impulso como nunca antes había tenido, pero lo esencial, la dimensión humana de la respuesta estaba asegurada con el querido “Doctor”. Y ha creado escuela. En la actualidad son muchos los compañeros que hacen suyas las prioridades y los sacrificios que Juan siempre respetó y fielmente asumió.

Los que han tenido la suerte de viajar con Juan pueden afirmar en calidad de testigos que dondequiera que haya estado anteriormente, Juan Bartolomé ha dejado a su paso un reguero de amigos y un testimonio perdurable de rigor profesional. Ni siquiera la limitación del idioma en sus numerosos viajes ha sido un impedimento suficiente para llevar a cabo la labor humanitaria y amigable al servicio del Estado.

Pero su labor no se circunscribe únicamente a esferas oficiales. Junto a la ONG Cooperación Médica Canaria ha participado en campañas en Mauritania, Marruecos, Camerún, Cabo Verde y ha sido ferviente promotor de la “ruta de la luz” consistente en prevenir a ceguera y devolver la visión a personas de países empobrecidos de África del Oeste.

Con Cruz Roja Española ha colaborado de forma continua, desinteresadamente, con extrema humanidad, actitud propia de un voluntario de la institución. Son muchas las misiones en las que Juan nos ha ayudado, desde la crisis de los grandes Lagos, donde su contacto ya era facilitado por la AECID-Madrid a nuestros cooperantes para contactar a su llegada, en el año 1994; como en multitud de crisis complejas y desastres, por citar algunos: las inundaciones de Mozambique del año 2000, el devastador tsunami del sudeste asiático, el conflicto de Irak, o el terremoto de Bam (Irán) del año 2003, (donde, todo hay que decirlo, Juan en connivencia con algún miembro de la CRE se hizo pasar por delegado de la Federación Internacional de la CR, vestido como tal, para conseguir en el almacén unas tiendas de campaña para los equipos de socorro españoles que allí se encontraban, le delató un logo de la AECID que asomaba de forma impertinente, aunque eso no frustró su misión).

La CRE tiene el orgulloso de contar como uno de sus miembros de las unidades de respuesta de emergencias (ERU), especializada en el sector salud a Juan Bartolomé. Juan es y será un ejemplo para todo el personal humanitario y en concreto para el personal de la CRE. Representa desde sus años de experiencia, una nueva generación de humanitarios, una línea a seguir inconformista y rebelde con el mundo actual y con las desigualdades. Juan es una persona que no deja indiferente a los demás. Sus reflexiones sobre problemas actuales dentro del mundo humanitario han servido de inspiración a personas y organizaciones.

Muy pocas persona pueden relatar de primera mano tantos conflictos y tragedias internacionales como el doctor Juan Bartolomé: un médico cuya labor solidaria ha constituido una de las máximas referencias en la respuesta a las más duras situaciones de emergencia.

No hay que olvidar otra de las pasiones del “Doctor” como es la fotografía. Retrató parte de esos grandes momentos y a sus gentes desde un punto de vista humano a la vez que artístico.

Muchos son los que se enorgullecen -nos enorgullecemos- con su amistad, considerándole un rebelde con causa. Un personaje de primera línea “incombustible” a la hora de proporcionar un ápice de vida entre los más desfavorecidos del planeta.

Esta medalla que CRE quiere entregarte, reconoce la labor humanitaria de toda una vida dedicada a los demás. Es un reconocimiento a la labor de una persona que hace grande a las instituciones que representa. Es un reconocimiento, al trabajo y al profesional del trabajo realizado que ha servido para aliviar el sufrimiento humano de las personas que más lo necesitan. Es un agradecimiento de toda la familia Cruz Roja a un hombre bueno.

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Javier Julio García Miravete

Escribo luego existo. Me apasiona la cultura y soy un empedernido luchador contra la injusticia y la corrupción. Admiro la sabiduría de los demás y a cuantos crean para la construcción de un mundo mejor. No me duelen prendas para reconocer en los demás méritos y virtudes, que me gustaría aprender de ellos. Soy un rebelde con causa siempre abierto a nuevos caminos y empresas. Periodista amante de la ciencia, el arte, la literatura, la fotografía, el cine, la música, el coleccionismo, los libros y papeles antiguos que me permiten reconstruir perfiles e historias de otros tiempos. Sueño con proyectos magníficos que me desbordan y que no logro activar por desintereses políticos. Desde aquí impongo mis normas sin someterme a protocolos. Escribo lo que quiero como quiero e intento ser libre.

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