Gitanos: un poema «inédito» escrito durante mi infancia


Recientemente el “humanitario” gobierno francés que preside Nicolás Sarkozy ha decretado la expulsión y repatriación a su país de todos los gitanos rumanos en situación irregular. Pese a la condena unánime del parlamento europeo el marido de Carla Brunni ha decidido no desistir de este empeño racista y xenófobo. Una situación ésta que ya debería haber desaparecido de la faz del planeta y que -sin embargo- lleva repitiéndose con estos nómadas del mundo desde hace ya muchos siglos. Personas éstas, en su mayoría pobres, que vagan por el mundo buscando su anhelada tierra prometida. Tomando como pretexto estas informaciones y animado por algunos amigos poetas y escritores he decidido contar un par de anécdotas personales con gitanos y rescatar para mis lectores un poema dedicado a un niño gitano, que escribí cuando tenía 18 años (hace casi una vida) y que titulé “Romance del Gitanillo”.

Una raza pobre, incomprendida y a veces vilipendiada

El pueblo gitano acostumbra a desarrollar sus actividades en los barrios más humildes (a veces en chabolas inmundas) de los países donde se asientan; pero, conserva -de forma intachable- sus tradiciones ancestrales e imborrables ampliamente arraigadas en el honor, la familia y la autoridad del patriarca.

La pobreza los suele marginar en guetos. Sus rituales -entre ellos los matrimoniales- no suelen ser entendidos entre los payos. Su mundo laboral suele bascular en torno a la venta ambulante, el comercio, la artesanía, la construcción, etc… Son un pueblo, con un idioma que los define -el romaní- acostumbrado a sobrevivir.

Recientemente he recibido un e-mail explicando cómo roban los rumanos en España, ofreciendo a domicilio perfumes en cuyas muestras colocan somniferos para dormir a sus víctimas. Personalmente, conozco a varios cíngaros rumanos y búlgaros, y nunca he tenido ningún problema con ellos. Me pregunto, porqué las estadísticas policiales no difunden cómo delinque el 99% restante que las integra. Quizá sea que esta sociedad que presume y pugna por la tolerancia, no lo es tanto en la práctica.

Incomoda experiencia hospitalaria con un patriarca gitano

Confieso que durante mi segundo ingreso hospitalario por neumonía, me adjudicaron un compañero de habitación gitano. Era una planta donde había al menos dos “residentes” con tuberculosis y donde sólo se permitía la presencia de dos personas junto a cada enfermo.

Pero -quizá por la lengua o por las matemáticas- los calés obviaron los mandatos hospitalarios. En la mi habitación llegaron a estar simultáneamente hasta 15, y en horarios que superaban ampliamente la medianoche. Niños por las camas infectadas comiendo palomitas, adultos que hablaban de pastores y sermones comportándose como un auténtico “rebaño”. Mientras yo, en la otra cama estaba totalmente entubado, desesperado y sin que nadie del personal hospitalario se atreviese a contrariarles.

La situación era angustiosa hasta que -afortunadamente para mí- el patriarca, cansado de su larga estancia como ingresado, decidió darse de alta (contra el criterio médico) y regresar -tras el fin de semana- para realizarse externo, la analítica que le quedaba pendiente. Pese a mi estado pulmonar “respiré de alivio” tras su marcha y mi nuevo compañero de habitación, me resultó alguien totalmente apacible y encantador.

Pero, éstos que colapsaban el pasillo adyacente al departamento destinado a pacientes con enfermedades infecciosas del madrileño Hospital Doce de Octubre, no eran rumanos; mientras en Francia se está repitiendo nuevamente la expulsión “histórica”de esta población sin tierra.

Confieso que -pese a desconocer la historia del gitanismo- estando medio moribundo, débil y totalmente abatido, en más de una ocasión, blasfemé contra semejante caterva de la raza calé.

Un poema de ayer para un niño gitano, que titulé: “Romance del Gitanillo”

Denigrando la decisión política francesa de expulsar a los gitanos rumanos y tras la insistencia de algunos amigos de las letras, instándome a desempolvar algunos poemas de mí ayer, he decidido rescatar para mis lectores uno que escribí cuando tenía apenas 20 años (hoy tengo 47) que titulé:

R O M A N C E   D E L   G I T A N I L L O

En las noches trémulas
de la tramontana
cantan las sirenas
una triste danza

Y una gitanilla
siempre va descalza
llevando a un niñito
sobre sus espaldas

En las noches trémulas
de la tramontana
cantan las sirenas
una triste danza

Llegado ya el día
Mama, dice el niño
¿Dónde esta mi padre?
“Lo mató el destino”

Dime tú taranta
Quién es el destino.
“No mi niño chico
que viene y te mata”

Mirando un espejo
la madre susurra:
“el destino fueron
los carabineros”

Y el niño llorando
en el viento cierzo
con su carromato
se marcha muy lejos

Caminito adentro
le dice a su hermano:
“Hermano del alma,
¡no seas gitano!”

Vayamos al mundo
crucemos pantanos
ríos y montañas
caminos y prados

Digamos muy fuerte
“somos los gitanos
hijos de esta tierra
como los humanos”

En las noches trémulas
de la tramontana
cantan las sirenas
una triste danza

Y una gitanilla
siempre va descalza
llevando a un niñito
sobre sus espaldas

Javier-Julio García Miravete


Javier Julio García Miravete

Escribo luego existo. Me apasiona la cultura y soy un empedernido luchador contra la injusticia y la corrupción. Admiro la sabiduría de los demás y a cuantos crean para la construcción de un mundo mejor. No me duelen prendas para reconocer en los demás méritos y virtudes, que me gustaría aprender de ellos. Soy un rebelde con causa siempre abierto a nuevos caminos y empresas. Periodista amante de la ciencia, el arte, la literatura, la fotografía, el cine, la música, el coleccionismo, los libros y papeles antiguos que me permiten reconstruir perfiles e historias de otros tiempos. Sueño con proyectos magníficos que me desbordan y que no logro activar por desintereses políticos. Desde aquí impongo mis normas sin someterme a protocolos. Escribo lo que quiero como quiero e intento ser libre.

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