Voces del desierto: La voz que introdujo en Ceuta el premio a la convivencia al Doctor Patarroyo


El pasado 19 de noviembre,  el investigador y Premio Príncipe de Asturias hispano colombiano Manuel Elkin Patarroyo, creador de la primera vacuna química de la historia, visitaba nuestro país para recoger de manos del Presidente Juan-Jesús Vivas el Premio Internacional a la Convivencia 2009 otorgado por la Ciudad de Ceuta. La fundación ceutí que lleva este nombre valoró especialmente su gesto solidario al donar la Spf66 -primera vacuna química de la historia- a la OMS para beneficio de la humanidad. Es la primera vez que le conceden un premio por su actitud humanitaria al margen de razas, credos e ideologías políticas.

El director de Voces del Desierto tuvo el privilegio de acompañarle en estas dos jornadas agotadoras, e introducir el acto de entrega de tan prestigioso galardón., concedido anteriormente a personalidades tales como el ex presidente Adolfo Suarez, el misionero español Vicente Ferrer o el padre de los micro créditos y Premio Nóbel de la Paz en 2006 Muhammad Yunus, etc… Esta web informará cumplidamente de todas las actividades referentes a esta visita del galardonado.

Estas fueron las palabras leídas por este redactor ante el auditorio y que sirvieron de prólogo a la entrega de este importante reconocimiento, dotado con una escultura de la artista ceutí Elena Laveron y 50.000 euros.

Ceuta versus Patarroyo una ciudad y un científico para la convivencia

Buenas tardes señoras y señores:

Quiero agradecer a la Fundación Premio a la Convivencia Ciudad Autónoma de Ceuta su invitación para introducir este acto y glosar la figura de su galardonado en esta edición. Para mi resulta francamente emocionante volver -después de muchos años- a este precioso rincón de nuestra geografía. Apenas era un adolescente cuando vine a Ceuta por primera vez.

Pero, mi emotividad es doble porque estoy aquí para hacer una pequeña semblanza del doctor Manuel Elkin Patarroyo Murillo, a quien este año habéis otorgado vuestro premio. Un merecidísimo galardón para un gran científico y una excelente persona, a quien hace ya casi tres décadas tuve la inmensa fortuna de conocer y con el tiempo, llegar a admirar.

Si realmente existe en España una ciudad que entraña los valores de la Convivencia, esa es indiscutiblemente Ceuta. En ella conviven en armonía cristianos, musulmanes, judíos e hindúes. Es la misma Convivencia que el doctor Patarroyo ha perseguido con sus hallazgos desde muy joven.

Un investigador “soñador” y fiel a sus principios

Si tuviera que definir brevemente a este Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica -el más joven de la historia- mi primera reacción sería tacharle como “un investigador fiel a sus principios”. Patarroyo -pese a la adversidad- jamás ha renunciado a ellos.

Manuel Elkin Patarroyo encarna la historia de un niño que a los 7 años leyó un cómic argentino que hablaba de Pasteur y su vacuna contra la rabia. Y de inmediato se dijo: “cuando sea mayor, quiero ser como él”. Desde entonces, no pensó en otra cosa. Un trienio después -con sólo 10 años- pidió insistentemente a sus padres un microscopio como regalo de primera comunión. Pero, lo consideraron muy joven y optaron por obsequiarle con un cochecito, que -evidentemente contradicho- no tardó mucho en estrellar contra la pared.

Alguien le definió como “el científico soñador” y no iba muy desencaminado. Una tarde -de esto hace ya mucho tiempo- mientras tomaba el sol y miraba al cielo en el Amazonas, acompañado por varios de sus colaboradores, inesperadamente exclamó: “¡la vi!”. Había descubierto en el movimiento de las nubes, la estructura tridimensional de su vacuna contra la malaria.

13 vacunas frente a 517 enfermedades infecciosas

La primera químicamente hecha, sin apoyo de ninguna industria farmacéutica y desarrollada íntegramente en Colombia, a la que denominó Spf66 (Syntetic Plasmodium Falciparum. 66 fueron el número de ensayos que necesitó hasta dar con el antídoto.

Le llovieron tentadoras ofertas en todo el mundo, pero Patarroyo pensaba en los más pobres de la tierra, y decidió donarla a la Organización Mundial de la Salud para beneficio de la humanidad.

Pero nuestro galardonado este año con el Premio a la Convivencia Ciudad Autónoma de Ceuta -digo nuestro, porque el éxito del doctor Manuel Elkin Patarroyo lo es también de cuantos le queremos- siempre ha tenido muy claro su concepto y objetivo. De hecho, hoy día la mayoría de sus competidores -sin mencionarle- utilizan esa metodología en que -junto a su equipo del Instituto de Inmunología de Colombia- fue pionero.

Si grande es este hito científico, más lo son sus pasos posteriores: búsqueda de una formula universal para el desarrollo de toda clase de vacunas. Hoy por hoy podríamos casi tachar de legendaria aquella Spf66 compuesta por tres péptidos (fragmentos de proteínas) que demostró -no sólo ser la más eficaz en la historia de las vacunas contra la malaria- sino también la más segura. Ahora toca hablar de Colfavac (Colombia Falciparum Vaccine) integrada por más de 53 (son 58) de estos diminutos componentes.

Actualmente, en pleno siglo XXI, existen sólo 13 vacunas frente a un total de 517 enfermedades infecciosas conocidas, que afectan a seres humanos.

Más de 40.000 mujeres y método pionero para el diagnostico de cáncer de utero

Y por eso, evocar al doctor Manuel Elkin Patarroyo no supone sólo circunscribirnos al ámbito de las malarias (falciparum y vivax). Su proyecto de vida abarca también la búsqueda de vacunas para otras patologías como la hepatitis, etc… Además, sus hallazgos han sido trascendentales en el diagnóstico temprano de la tuberculosis y la lepra. Y muy pronto, también nos regalará importantes avances contra el cáncer de cervix que anualmente provoca la muerte a tantas y tantas mujeres, muy especialmente del Tercer Mundo.

Apoyado por la AECID y la Fundación Sadar de Navarra, la Fundación Instituto de Inmunología de Colombia -que dirige- trabaja activamente -cito textualmente- en la “VALORACION DE UNA PRUEBA SEROLÓGICA PARA LA IDENTIFICACIÓN DE ANTICUERPOS ANTI-VHP E INFECCIÓN PERSISTENTE POR EL VIRUS DEL PAPILOMA HUMANO EN MUJERES DE ESCASOS RECURSOS Y VÍCTIMAS DEL CONFLICTO ARMADO”. ¿Qué podían esperar ustedes de Patarroyo?.

Y es que, hablar de tan merecido galardonado con este Premio a la Convivencia supone hacerlo de un investigador “ambicioso”. Ambicioso en el sentido estrictamente científico. Permítanme que -así entre nosotros- les revele una importante confidencia. Todos ustedes saben que las escasas inmunoprofilasis existentes están integradas por tres dosis. Desde hace ya bastantes años, el doctor Patarroyo intenta extrapolar esta cifra y junto a investigadores de nuestro país, persigue poder administrar su vacuna por vía oral y en una sola dosis.

«África se muere y necesitamos genios que ayuden a frenar esta hecatombe»

África se muere y necesitamos ingenios para luchar contra las enfermedades de los pobres. Por eso es necesario encontrar una manera especial que permita suministrar “tres dosis” en una sola toma.

Hablar de Convivencia entre culturas y del galardonado este año con el Premio Convivencia Ciudad Autónoma de Ceuta supone para mí un doble motivo de orgullo.

Fue el 18 de junio de 1995 cuando Patarroyo recibió de manos del fallecido Nóbel español Camilo José Cela, otro Premio a la Convivencia otorgado por la Fundación Cerveceros de España. Durante los preliminares de ese acto el presidente de la misma, José Antonio Herráiz Mahou, decidió apostar apoyando mi proyecto biográfico. Fue el comienzo de una tan difícil, como apasionante aventura, que hoy legitima mi presencia en este acto.

Aunque Manuel Elkin Patarroyo, primogénito de una familia de hermanos, esposa e hijos médicos, siempre soñó con salvar vidas; encarna en si mismo múltiples facetas. También quiso ser filósofo e incluso se matriculó en la Universidad en primero de esta carrera (hoy lo es su hijo menor Carlos Gustavo). Pero, -no sólo eso- este excepcional investigador es también un profundo amante del arte y de las plantas. Por eso, sus principales espacios vitales están siempre repletos de matas y lienzos.

Es Ceuta -esta ciudad bañada por el Mediterráneo- en plena orilla africana del estrecho de Gibraltar, y limítrofe al oeste con Marruecos, – representada por su Presidente Juan Jesús Vivas- un auténtico cúmulo de culturas y mestizajes.

A nivel personal, me complace mucho haber sido cómplice de la Fundación Premio a la Convivencia en la preparación de este acto y quiero dar las gracias especialmente a su Presidenta Maria Isabel Deu y a todos sus demás integrantes. Me consta que no es la primera vez en que el doctor Patarroyo ha formado parte de la candidatura para este galardón.

Un hombre profundamente cercano y solidario

Y hablando de confidencias sobre este ejemplar investigador, deseo revelarles una pequeña pincelada de su comportamiento que encarna los valores de tan sensacional ser humano. Patarroyo -como tendrán ocasión de comprobar en la conferencia que dictará mañana-jamás se oculta tras un estrado. Es un hombre profundamente cercano, accesible y magistral comunicador. Transmitir algo tan difícil como la ciencia y llegar hasta los más jóvenes -le he visto impartir conferencias de dos horas ante alumnos de secundaria, dejándoles boquiabiertos- es un don que sólo tienen personas de la talla intelectual y humana del doctor Patarroyo.

Hace pocas fechas, -mientras los promotores de este galardón concedido por la muy noble y leal Ciudad Autónoma de Ceuta- le buscaban para comunicarle la noticia, Elkin -como le denominan su familia y más allegados- inauguraba en Madrid el Festival Vivamérica 2009. Y en ese mismo acto repetía ante las preguntas de un periodista que volverá a donar a la humanidad todos sus hallazgos. “Vivimos de subvenciones públicas y no tiene sentido que nos lucremos con nuestros descubrimientos” aseguraba. Es el sentimiento de un hombre de 62 años que muestra un sensacional cariño y respeto por el género humano. Alguien que pese a sus innumerables premios -postulado para Nóbel en tres ocasiones- jamás ha renegado de sus orígenes. Alguien que, por no renunciar a sus principios, ha soportado las mayores descalificaciones sobre sus descubrimientos. Pero la historia es justa y al final siempre la racionalidad y el conocimiento se imponen.

Objetivos del Milenio, cifras decoloradas y hallazgo de un nuevo microorganismo malárico

Actualmente, la OMS trabaja con un estudio publicado en Nature, donde determina que en 2004 se produjeron en el mundo unos 500 millones de casos palúdicos, de entre los cuales murieron cerca de tres millones de personas, fundamentalmente niños africanos menores de cinco años. La malaria es una enfermedad de trascendencia universal.

Uno de los objetivos del Milenio marcado por Naciones Unidas para luchar contra la pobreza fue “reducir en dos terceras partes -entre 1990 y 2015- la mortalidad en niños menores de cinco años». Además la ONU pretende llegar a esta fecha, habiendo “detenido y comenzado a reducir la incidencia de la malaria y otras enfermedades graves”.

Pero, mientras tan alto organismo humanitario formula esta “utopía” (ojalá realidad), nos encontramos con el reciente descubrimiento de un nuevo microorganismo de la familia de los plasmodios, que se ha unido a la lista de los causantes de malaria en humanos.

Si hasta hace nada eran cuatro (falciparum, vivax, ovalae y malariae), hoy -con este hallazgo en Malasia del Plasmodium Knowlesi- ya son cinco. Algo me lleva a pensar que las cifras reales son bastante inversamente proporcionales a como nos las pintan.

«Mejor artículo sobre malaria publicado en los últimos años»

Afortunadamente, de vez en cuando aparecen personas excepcionales como nuestro flamante galardonado. Uno de cuyos trabajos -junto a su hijo Manuel Alfonso- publicado el año pasado en la prestigiosa revista científica norteamericana Accounts of Chemical Research, fue definido y valorado por varios editorialistas como el mejor artículo sobre malaria publicado en los últimos años. Siempre en su línea de pensamiento: búsqueda de una metodología lógica, racional y científica -tomando la malaria como modelo- para todo tipo de vacunas.

Si el «Premio Internacional de Convivencia Ciudad Autónoma de Ceuta» se concede anualmente a «una persona o institución de cualquier país cuya labor haya contribuido de forma relevante y ejemplar a mejorar las relaciones humanas, fomentando los valores de justicia, fraternidad, paz, libertad, acceso a la cultura e igualdad entre los hombres». ¿A quién mejor que al doctor Patarroyo podríais habérselo concedido?. Ayudar a este científico conlleva intrínsecamente un premio para la humanidad.

Si importante es encontrar tratamientos, más aún lo es prevenir la transmisión humana de las múltiples y variadas cepas de tan mortal parásito inoculado en humanos por la picadura del mosquito anofeles hembra. Si además, el grupo científico que lo hace pertenece a un país pobre como Colombia, y además rompe moldes donando por primera vez en la historia sus hallazgos para beneficio de la humanidad, parece que en este mundo tan global como competitivo en que nos ha tocado vivir, aún nos queda algo de tiempo para la esperanza.

Es el caso de nuestro Premio a la Convivencia Ciudad Autónoma de Ceuta 2009. Y es que -señoras y señores- lo del doctor Manuel Elkin Patarroyo es pasión, auténtica “pasión por la vida”.


Javier Julio García Miravete

Escribo luego existo. Me apasiona la cultura y soy un empedernido luchador contra la injusticia y la corrupción. Admiro la sabiduría de los demás y a cuantos crean para la construcción de un mundo mejor. No me duelen prendas para reconocer en los demás méritos y virtudes, que me gustaría aprender de ellos. Soy un rebelde con causa siempre abierto a nuevos caminos y empresas. Periodista amante de la ciencia, el arte, la literatura, la fotografía, el cine, la música, el coleccionismo, los libros y papeles antiguos que me permiten reconstruir perfiles e historias de otros tiempos. Sueño con proyectos magníficos que me desbordan y que no logro activar por desintereses políticos. Desde aquí impongo mis normas sin someterme a protocolos. Escribo lo que quiero como quiero e intento ser libre.

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