Golpe a los micos de Patarroyo. Cierran estación experimental, vital para investigación en malaria


Hace ya más de treinta años que conocí al Dr. Manuel Elkin Patarroyo. Cuando era mucho más joven me dijo que sólo aspiraba a dejar este mundo un poco mejor que lo encontró. Grandiosa ha sido su lucha desde que estaba en la Universidad y soñaba con hacer ciencia destinada a los más desfavorecidos.

Su primera vacuna sintética contra la malaria (Plamodium Falciparum) fue un hito en la historia de la medicina mundial. Un hallazgo, del que no pudieron apropiarse las multinacionales farmacéuticas.

Pero su gesto solidario con la OMS, donandola para beneficio de la humanidad, provocó la furia de las multinacionales farmaceúticas, banca y poderes económicos.

UNA VACUNA “NO HOMOGADA” CON LA COLOMBIANA Y MAQUILLAJE DE “PARASITEMIAS”

Sus principios éticos para llevar sus creaciones a los más desfavorecidos, no le han beneficiado. Fue pionero en donar la patente de la Spf66 a la OMS para beneficio de la humanidad. Pero el alto organismo de Naciones Unidas -curiosamente creado para la erradicación de la malaria- guardó el producto colombiano en un cajón, mientras potenciaba otro norteamericano. Ante su insistencia le exigieron más y más experimentos, llegando incluso -sus mayores rivales- a pedirle la fórmula y elaborar ellos uno “similar”.

Tan “similar” era que difería con el colombiano en 21 aspectos. Pero éstos no se cortaron en proclamar sus ensayos en Gambia y Tailandia, con vacuna de fabricación norteamericana, como fallos rotundos de Patarroyo. En algunos, como Gambia, el desarrollo experimental fue escandaloso: mezclaron vacunas con placebos, muchos controles no pudieron recibir las tres dosis, etc… Un fiasco, que no dudaron en maquillar, como actualmente el Dr. Pedro Alonso  (Mister 30%) lo hace con las cifras de la norteamericana RTS.

Al margen del consentimiento informado, donde GSK falla permanentemente en ensayos que le han supuesto sanciones multimillonarias, me refiero a los  denominados índices de parasitemia.

La OMS marca que la malaria severa es aquella que ronda o supera los 5.000 mil parásitos por microlitro en sangre. De este modo, las cifras que reporta Pedro Alonso con RTS en diferentes países africanos están estadísticamente mezcladas. En unos, el producto que financia Bill Gates reporta 2.000 mil parásitos en sangre (por tanto funciona), en otros 3.000 mil parásitos en sangre (por tanto funciona), en otros 5.000 mil parásitos en sangre (por tanto funciona), y así sucesivamente. De estás operaciones estadísticas se encarga John Jairo Aponte, al igual que Alonso, exdiscípulo de Patarroyo (quien olvida sus ancestros en su CV). Sus estadísticas siempre el 33%.

La diferencia con la Spf66 de Patarroyo es que el 33% que obtuvo, lo consiguió con unos índices de parasitemia  en sangres de CERO PARASITOS.

De este modo, uno se pregunta, ¿cual 33% muestra mejores resultados?. Pero, es lo que se denomina “mentiras estadísticas”.

EMBARGOS Y BOICOTS EN CADENA

Desde que le conozco el BBVA le embargó el Instituto de Inmunología y toda su dotación instrumental, por hallarse éste en terrenos colombianos del arruinado Hospital San Juan de Dios. Al mismo tiempo, el banco español que más dinero invierte en industria armamentística (bombas de racimo, etc…) y proyectos conflictivos en América Latina (explotación de minas contaminando ríos y forzando migraciones de poblaciones autóctonas, etc…) financiaba el estudio de otras vacuna de Pedro Alonso en Barcelona.

Patarroyo tuvo que rescatar lo que consideraba más valioso: los sueros, y cuanto pudo, para crear -nuevamente- la Fundación Instituto de inmunología de Colombia

Cuando todo estaba preparado para inaugurar una sede del centro colombiano en la Universidad Pública de Navarra, las zancadillas fueron constantes hasta que cambio el rector y el proyecto fue a pique.

Años antes, tras el éxito rotundo e hito científico de la vacuna sintética todo apuntaba a la creación en Colombia de una estación productora de vacunas. Pero el proyecto fue misteriosamente abortado. EEUU y Europa presionaban para traer ese centro a sus países, fichando al científico en sus laboratorios y apropiándose de sus descubrimientos. No lo consiguieron, y como le preconizó el gerente de Chiron Corporation: “la vacuna de la malaria será nuestra o no será de nadie”.

Cuando tras obtener simultáneamente tres premios internacionales: la medalla de Edimburgo (Inglaterra), el Robert Koch (Alemania) y el Príncipe de Asturias (España); nuestro país creaba el Centro de Salud de Manhiça (Mozambique) para “el desarrollo de la Spf66 y futuras generaciones”, el tiempo haría que su exdiscípulo Pedro Alonso, responsable de la gestión de los fondos y el centro, los derivara hacia sus propios intereses, aliándose con los norteamericanos., arrebatando lo que había sido creado para Patarroyo.

Pedro Alonso “olvida” que su primer trabajo serio en España (aunque en el Instituto de Parasitología y Biomedicina López Neyra de Granada, siempre dudaron de su seriedad) se lo reportó el colombiano. Fueron cinco años donde realizó numerosos ensayos reportando resultados con la Spf66 colombiana que tachaba de “acontecimiento histórico”.  Este producto jamás provocó efectos secundarios y tampoco se leyó en ninguna publicación científica que en el grupo de vacunados registrara los mayores índices de morbilidad por epilepsias y meningitis, como esta ocurriendo con la RTS.

DESLEALTADES Y “LEALTADES” DE SU EX DISCIPULO MERCENARIO

Sobre los resultados de la SPf66, en bebés de Tanzania, se enteraron antes los directores de tesis de Pedro Alonso (Marcel Tanner, Geoff Target y Brian Greenwood) que Patarroyo, padre de la vacuna. El investigador colombiano supo de éstos siete días después que la London School. Los códigos pudieron ser manejados para que reportaran las cifras perseguidas por sus rivales. Esta vacunación la hizo sin su permiso y con el excedente de Spf66 sobrante de Tanzania.

Al parecer la London School se negaba a graduar a Pedro Alonso, si no reportaba resultados negativos de la vacuna colombiana. La institución científica británica llevaba bastante tiempo buscando los 50 millones de dólares de Bill Gates. Si la Spf66 hubiera funcionado este dinero del magnate de Microsoft hubiera ido a Colombia.

El resultado del fracaso de la Spf66 en bebes se hizo público en un Congreso de Malaria organizado por los ingleses en Durban (Sudáfrica), sin haberse publicado aún ni una línea del paper y sin dar opción a Patarroyo para pudiera analizar previamente esos datos. Alonso viajó a Sudáfrica a hablar de la Spf66 sin que Patarroyo supiera nada.

Mientras la Spf66 de Patarroyo reportó a Alonso un 8% de eficacia en bebés que sirvió para deshacerse de ella, la RTS/S le ha reportado -doce años después- sólo un 11% de eficacia.

Los estudios de Patarroyo fueron avalados por cuatro países simultáneamente: Macro Tumaco (Colombia. 1989, 9.567 vacunados y 10.000 controles), Las Majadas (Venezuela, 1.422 vacunados), Late (Ecuador, 600 vacunados) y Costa Márquez (Brasil, 1.054 vacunados). Dos años después se realizó otro ensayo en Río Rosario (Colombia, 1257 vacunados).

Y así fue. Desde ese instante los organismos financieros internacionales elaboraron una estrategia para descalificar e intentar hundir a Patarroyo y cualquier producto que llevase el sello de su institución. Para ello rescataron la RTS, la única que había salido indemne de las tres patrocinadas con más de dos millones de dólares por USA. Los responsables de las otras dos vacunas, acabaron en la cárcel por estafa, apropiación indebida y malversación de fondos públicos.

SENTENCIA CONTRA ENSAYOS CON MONOS SALVAJES DEL AMAZONAS

Desde la etapa de Belisario Betancur, el creador de la Spf66 gozaba de un sensacional privilegio concedido por este gobernante. Una colonia de monos nocturnos en pleno corazón del  Amazonas colombiano, allí Patarroyo había instalado, su Centro de Experimentación en Primates de Leticia. Era su pulmón verde en plena selva y su indudable ventaja sobre los investigadores del resto del mundo.

Patarroyo ensaya primero en monos, mientras los patrocinadores de la RTS ensayaron directamente en humanos. El Coronel Ripley Ballou del Walter Reed Army Institute Research (WRAIR) estuvo a punto de morir en el intento. Con otros dos soldados se puso el producto y se dejó picar por el anofeles. De los tres encapsulados para este ensayo, sólo uno no enfermó. Resultado estadístico: la RTS protegió en el 33% de los casos.

Desde 2007, en una cruzada encabezada por Ángela Maldonado, los ecologistas han querido hacer su agosto a través de la Fundación Entropika, quien les ha prohibido la entrada en sus territorios.

Han sido seis demandas fallidas, y una séptima  ganada, que obliga a cerrar la Estación Experimental de Primates, impidiendo a Patarroyo disponer de 4000 monos en cinco años (como tenía permitido), de los cuales pocos -o ninguno- mueren, y tras los ensayos son devueltos a la selva en excelentes condiciones.

Cada 15 segundos muere un niño de malaria y al científico colombiano más solidarios y premiado internacionalmente, nuevamente se le vuelve a zancadillear. Se le reduce a menos de una tercera parte el presupuesto, propiciando una fuga de cerebros a otros organismos.  Y además, en lugar de capturar monos salvajes, que los críe en cautividad, porque lo primero -según la Doctora Ángela Maldonado y la reciente sentencia del Tribunal de Cundinamarca que ha dado “veracidad” a los informes financiados con pagos y engaños a la población indígena- atenta contra la Biodiversidad.

La cuestión es seguir haciéndole perder tiempo en un momento en que Colfavac (la nueva vacuna de Patarroyo) ya ha obtenido resultados del 90% de eficacia en la fase del merozoito, y se encontraba realizando mezclas para verificar su comportamiento en la del esporozoito, que transmite el mosquito Anopheles.


Javier Julio García Miravete

Escribo luego existo. Me apasiona la cultura y soy un empedernido luchador contra la injusticia y la corrupción. Admiro la sabiduría de los demás y a cuantos crean para la construcción de un mundo mejor. No me duelen prendas para reconocer en los demás méritos y virtudes, que me gustaría aprender de ellos. Soy un rebelde con causa siempre abierto a nuevos caminos y empresas. Periodista amante de la ciencia, el arte, la literatura, la fotografía, el cine, la música, el coleccionismo, los libros y papeles antiguos que me permiten reconstruir perfiles e historias de otros tiempos. Sueño con proyectos magníficos que me desbordan y que no logro activar por desintereses políticos. Desde aquí impongo mis normas sin someterme a protocolos. Escribo lo que quiero como quiero e intento ser libre.

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